lunes, 17 de enero de 2022

La cosita

Como era de esperar toda esa gente demonizada y perseguida por el horroroso delito de no haberse querido meter eso que llaman vacunas, pero que, en realidad, no se sabe lo que es ni para qué sirve que no sea para poner la mosca detrás de la oreja de los que se lo han metido, en fin, como digo, esa gente demonizada ha encontrado el alibí que da sentido a su vida: se han organizado y andan todo el día de aquí para allá, de comida o manifestación y, sobre todo, haciendo camaradería y generando entre ellos un cierto sentido de élite que les confirma en su decisión. Lo sé porque María tiene una amiga que la informa cada día de esas correrías. Una mujer de ochenta años a la que sus hijas universitarias han vuelto la espalda por no quererse meter la cosita. Nada de lo que preocuparse porque nunca estuvo tan feliz la mujer. 

Pero, claro, a través del mundo, la nueva hermandad aglutina a millones. Va a ser muy difícil matarlos a todos como quieren algunos de los que amenizan las noches televisivas. Más bien van a ser estos los que lo tengan chungo porque ya han empezado a ser llamados por los jueces por su incitación al odio. Por lo demás, es increíble que esta gente no esté mínimamente informada. Se supone que, dado el presupuesto que tienen esos programas televisivos, tendrán un equipo que investiga y se informa. Y, oye,  si el número de deportistas muertos en los últimos seis meses multiplica por tres la media de los últimos doce años, si el número de infecciones de líquido cefaloraquídeo se ha multiplicado por ochenta respecto de la media de años anteriores, si las miocarditis se han disparado... la lista es larga y, todo ello, ¡oh casualidad!, desde que la gente ha empezado a meterse la cosita y a hacerse PCRs.

No sé, pero por lo menos, a no ser que babees, sospechas que algo raro está pasando. 

Y claro, como no podía ser menos, los más avisados entre los políticos han levantado la voz en los parlamentos pidiendo la prohibición de Telegram que, como supongo sabrán, es la plataforma digital desde la que se expresan esos millones de personas que han decidido no meterse la cosita y, con ello, pasar a ser estigmatizados: negacionistas, misóginos, racistas, anticiencia, idiotas... no ha habido epíteto denigrante que hayan ahorrado desde los medios oficialistas. ¡Para partirse el culo de risa!

La cosa desde luego se está poniendo la mar de interesante porque es que, además, las autoridades inglesas han tenido que tirar unos cuantos millones de dosis de la cosita porque la gente ha dicho que "nanay si no son camay".


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