Como no podía ser de otra manera, los britis son una vez más los avanzados de la comedia en curso. En estos días que corren, allí, en el Reino Unido, es preceptivo alquilar a un doble de Boris Jonhson si quieres que tu fiesta, evento, o lo que sea que necesite cachondeo, tenga éxito. El asunto da una idea de a dónde ha llegado la tan cacareada democracia, principio y fin de todas las bondades sobre la tierra. Los políticos y sus adláteres siguen mareando la perdiz en sus despachos y hemiciclos y el pueblo se divierte en las logias.
Bueno, quizá lo de las logias no lo hayan pillado. Pero el caso es que ese suelo sobre el que bailan Boris y compañía es como el de todas las logias masónicas. Lo sé muy bien porque en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca hay una logia sobrecargada de simbología en la que alguna tarde calurosa tuve la oportunidad de tertuliear después de una comida bien regada. Ya saben a qué extrañas situaciones le pueden llevar a uno las circunstancias de la vida.
Pues sí, recuerdo que a la entrada de aquella logia había un panel con los nombres de los miembros más destacados de las diferentes logias que había por el país. No hace falta que les dé esos nombres porque solo tienen que ir a los callejeros de cualquier ciudad y allí están todos en las calles principales. Los mismos, justo es decirlo, que se las apañaron para meternos en una guerra civil de la que salimos débiles pero saneados. Ya saben, el indudable valor terapéutico de las sangrías.
En fin, que como ya tenemos los carnavales a la puerta como quien dice, es de prever que los disfraces de Boris tengan tirón. También, quizá, los de Billy Puertas, que mira que sabe ese tipo de virus e inmunología por el simple hecho de ser multimillonario. Además es amigo de Rafa Nadal. ¿Acaso no son esas credenciales para ser omnisciente? Y los de Macron en compañía de su vieja, ni te digo...
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