¿Pero cómo pudo ser? Pues fue. Y continua siendo. Me refiero a lo de Alemania que es que no hay forma de que deje de tropezar en la misma piedra una y otra vez. La piedra de la fatal arrogancia. Ellos, quizá por que saben hacer aparatos tan bonitos, han llegado a creerse que están capacitados para torcer el brazo a la naturaleza. Ahora la cosa va de que van a obligar a un virus a comportarse como ellos quieren. ¡Fíjense, un virus, una cosa tan minúscula, cómo no vamos a poder con él! ¡Por mis cojones!, como dicen en mi pueblo.
Pues sí, andan allí debatiendo los parlamentarios para imponer la vacunación obligatoria. También sobre la conveniencia de prohibir la plataforma digital Telegram. Sostienen que Telegram desinforma. O sea, lo de siempre. El mundo no es lo que es sino lo que a mí me gustaría que fuese. ¡Puto idealismo! ¿A ver quién es el que no se estrella con esa forma de pensar?
Sin embargo la realidad es tozuda y la naturaleza va por donde le da la gana. Ni las vacunas sirven para una mierda ni el virus respiratorio se comporta de forma que no podamos convivir con él si le dejamos a su aire ni Telegram desinforma más que cualquier otro medio de comunicación.
Bueno, en llegando aquí tendré que admitir que también esa forma de hacer el imbécil tan alemana es una más de las manifestaciones de la naturaleza. O sea, que es lo más natural del mundo que fuesen precisamente los alemanes los que descubriesen esta forma de destruir las sociedades que conocemos como socialdemocracia. Ellos son como lo de la anécdota del escorpión, que no lo pueden evitar. Si no lo tienen todo perfectamente controlado les parece que la vida se les va a llevar por delante. No en vano antes de la socialdemocracia inventaron el protestantismo, otro delirio de mierda.
Pues sí, como contaba el otro día la youtuber Ter, si un día amaneces con un granito encima del labio, no se te ocurra ponerte a remediarlo estrujándole y aplicándole emplastos porque así te durará una eternidad. Mejor déjalo a su aire que en cuatro días será historia. Supongo que nos metió este rollo pensando en lo del virus de marras.
Por cierto, antaño se contaba un chiste en el que un alemán le decía a todo el mundo que el era alemán de Alemania porque había oído a alguien decir que era alemán de los cojones.
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