Lo de la versión de la ciencia que están dando por ahí algunas lumbreras es para partirse el culo de risa. De lo principal que han acusado a los que no quieren vacunarse, aparte de que son egoístas, misóginos, idiotas, etceterá, etceterá, es que desprecian la ciencia. En su inmensa ignorancia consideran que las vacunas es algo muy diferente al Anís del Mono que, como supongo sabrán, es el mejor porque la ciencia lo dijo y yo no miento.
Una de las cosas que más poderosamente me llamó la atención al principio de mi práctica médica fue que si escuchabas a los representantes de los laboratorios farmacéuticos y te creías lo que con tanta vehemencia afirmaban, necesariamente tenías que llegar a la conclusión de que era imposible que alguien se muriese. Algo así como esos que salen en las películas del oeste vendiendo elixires maravillosos.
Qué duda cabe que la medicina ha ido mejorando sus remedios a lo largo de los años. La experiencia, la observación, los avances de la física y la química, hacen que conozcamos más cosas cada vez, pero no se hagan ilusiones, a pesar de todo sabemos muy poquito. Y desde luego que la cirugía es prodigiosa. Y algunas cosas más. Pero no se engañen, hoy no se viven más años de los que vivían los ciudadanos de la antigüedad que tenían hábitos higiénicos. Los que cultivaban el cuerpo y el espíritu al alimón. De Teofrasto, que fue el sucesor de Platón, o Aristóteles, no recuerdo bien, al frente de la Academia, se cuenta que duró ciento siete años y que se le empinó hasta el último día de su vida... seguramente es una leyenda urbana, pero cuando el río suena...
En definitiva, en medicina se avanza haciendo experimentos. Y esto que ahora llaman vacuna y que es otra cosa, es solo un experimento más que habrá que ver lo que da de sí. Lo realmente sorprendente es que se esté experimentando del modo que se está haciendo. Los experimentadores en connivencia con políticos y periodistas están encontrando el mismísimo bálsamo de Fierabrás. ¡Todo son parabienes! ¿Efectos indeseables? Para nada. Hemos salvado millones de vidas, dicen. Ya estamos otra vez con lo de "la ciencia lo dijo y yo no miento". Lo dijo Nosequién, que es más fácil convencer a la gente de un disparate que convencerla después de que ha sido engañada, por más que las pruebas del engaño sean contundentes.
La medicina, sí, qué duda cabe, es una ciencia, pero de las que se califican como blandas. Es decir de las de poco más o menos, o sea, de ir tanteando con mucho tiento, valga la aliteración. A lo largo de mi vida he visto verdaderas monstruosidades por confiar a pies juntillas en lo que decían los representantes de los laboratorios. Digamos que si la prudencia es la madre de la ciencia, en el caso de las ciencias blandas es la madre, el padre y todos los abuelos hasta la enésima generación. ¡Oye, que por mucho que lo quieran ocultar los desastres provocados por ésta que dicen vacunación masiva ya empiezan a clamar al cielo! Y los beneficios... como de las mujeres, mejor no hay que hablar.
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