martes, 18 de enero de 2022

Downgraded



Es la historia de un amor como no hubo otro igual, que cantaban los Machucambos.  

Y en éstas estando va el ministro de la cosa de Australia y dice que hay que expulsar al servio porque, ¡fíjense!, se ha convertido en un icono de la libre elección. Así, como suena. Bien es verdad que el servio se había convertido hace un año o así en el abanderado contra la apertura de una mina de litio en Servia por parte de la compañía Rio Tinto que, ¡oh, casualidad!, es de capital mayoritario australiano. En esta vida, como saben, todas las piezas del puzle acaban encajando.

Pero, a pesar de las apariencias, y la pertinaz censura informativa, no se crean que la gente se chupa el dedo. En la Gran Bretaña van los sicarios, montan el vacunódromo y con las mismas a las pocas horas le tienen que desmontar sin haberse comido un rosco. Allí, como pasó hace ochenta años, es el primer sitio en el que el amor como no hubo otro igual se fue al carajo. Ya tienen baste con hacer chistes sobre Boris Jonhson, que es que el personaje parece que ni pintado para la caricatura. Y por si eso fuera poco, va Nigel Farage, el héroe de Brexit, y se pone a colgar vídeos en YouTube que no dejan títere con cabeza. Por cierto que ayer nos contaba como en Holanda los bares y restaurantes han decidido pasarse por el forro todas las prohibiciones y han abierto con normalidad mientras la policía se ha quedado en sus cuarteles jugando al tute. Sin duda, allí la autoridad se ha downgraded a más velocidad que la susodicha vacuna, lo que ya es decir. 

Y mientras tanto, aquí, siguen jugando con las cifras. La gente se muere. Sobre todo los viejos. Y todos van por el barrio con la mascarilla calada y cara de circunstancias... hasta que encuentran un bar: entonces se la quitan y se olvidan de las ominosas premoniciones gubernamentales. Claro que si has estudiado un poco y analizas esas cifras ves hasta que punto hay obstinación en sostenella y no enmendalla. Porque una de dos, o se muere gente o aquí no cabemos. Es ley de vida. 

En fin, que qué ganas tengo de que termine todo esto para sacarme de encima la pestilencia que mi escepticismo me ha provocado. Aunque es probable que ya quede marcado de por vida porque, al fin y al cabo, un judío sigue siendo judío por mucho que le liberen de Auschwitz. 

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