Les comentaba, ayer sin ir más lejos, acerca de la complejidad del mundo. En realidad, si no ando equivocado, desde que empecé a escribir no he hecho otra cosa que tratar de escarbar en esa complejidad por ver si así podía encajar unas cuantas piezas más del inmenso puzle que es la realidad. No creo que pueda haber tarea más titánica ni por tanto tan inútil. Es como lo del mito de Atlas que de poco le servía disponer de una palanca y unas espaldas anchas al carecer de un punto de apoyo.
Al no tener respuestas a las grandes cuestiones -de dónde venimos, quienes somos y, sobre todo, cómo interactúan las neuronas de nuestros cerebros- carecemos de puntos de apoyo para armar siquiera mínimamente el puzle. Nos tenemos que limitar a contar cuentos inspirándonos para fabricarlos con lo que nos parece observar a nuestro alrededor. Y así, cuento a cuento, vamos construyendo una ilusión que pretende abarcarlo todo. Bueno, hoy día dentro del mundo de la física teórica hay quien piensa que no pasamos de ser un holograma que es observado por alguna civilización extraterrestre... por fantasías que no quede.
Así que pienso que lo mejor va a ser que en lo sucesivo extreme mi prudencia y depure mi curiosidad. No quiero volver a saber más de todas esas batallas estériles que libran los infradotados para conseguir su peculio a cargo del erario. Todo eso, lo sé por la propia experiencia, inutiliza más el espíritu que las drogas más malignas. Y se lleva la vida en un suspiro dejando una herencia de amargura al mundo.
En resumidas cuentas, me voy a redesayunar al Bariloche y luego a comprar naranjas a Ceraduey. Luego, dios dirá.
sabias palabras de zorro viejo y montuno...un abrazo querido Pedro.Sín tus artículos esto sería aún más erial..
ResponderEliminar