viernes, 4 de junio de 2021

La hierba del estío

Chris es uno de los personajes de la serie Northen Exposure. Es el responsable de la radio local. Entre disco y disco no para de meter cuñas filosóficas de fuste. Su biografía es curiosa. En plena adolescencia ya estaba en el trullo por atraco a mano armada. Y allí fue en donde un día por una de esas casualidades que procura el aburrimiento dio con un ejemplar de Hojas de Hierba. Su lectura es para él como una caída del caballo camino de Damasco. Una iluminación. Un cambio radical de su forma de pensar y por tanto de vida. Ya ven lo que puede hacer un simple libro. Bueno, ya les he hablado alguna vez  sobre la epifanía que tuvo Matos cuando leyó Siddhartha de Hermann Hesse. Doy fe de que he conocido pocas personas de tan agradable trato como él. Desde luego que cada vez que recalo en la Plaza Mayor de Salamanca ya no me parece tan atractiva porque él ya no está allí, en su mesa del Novelty o en la del Cervantes en función de las variaciones climáticas.

Cuando lo de aquellos maravillosos años no paraba de comprar libros. Te hablaban de uno cualquiera y salías disparado a la librería más próxima para agenciártelo. Para ponerlo en las estanterías del salón. Era imposible de todo punto que los pudiese leer todos. En realidad los únicos que leía enteros eran las novelas. Los ensayos, rara vez pasaba de las primeras páginas. Y los de poesía, de la primera como mucho. Pero allí estaban para admiración de propios y extraños. Por supuesto que Hojas de Hierba no faltaba. Era un buen adorno que no pasaba desapercibido. Pero yo no pasé de la primera página. 

Siempre me ha mosqueado mucho mi falta de sensibilidad para la poesía. Por supuesto que Fray Luis o Juan de la Cruz me hicieron vibrar a edades muy tempranas. Y otros cuantos más. Pero otros, de los que se cuentan maravillas, me dejan frío. Esos premios Nobel españoles que tan alabados son, por ejemplo. En fin, da igual, porque el caso es que en estos tiempos aciagos que estamos atravesando he dado, no sé el porqué, en escuchar poesía. Y claro, si la escuchas no solo cuenta la poesía en sí sino que tan importante a veces como ella es quien la recita. Y con algunos, como Don Garfialo, sintonizo plenamente. Y así es que por su voz estoy descubriendo Hojas de Hierba. Y sí, me ayuda a sobrellevar estos pesares presentes. Cantar a la vida en medio de esta orgía de nihilismo  es un gran atrevimiento que sirve de mucho consuelo. Aunque, a mi inmodesto juicio, cuando Don Garfialo realmente lo peta es cuando recita a Bukowski. Ahí sí que la vida chorrea por todos los poros. Pero vayamos a Walt y sus hojas:



Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago… e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
par ver cómo crece la hierba del estío.
 

                                                                    W. W.

5 comentarios:

  1. Aquella SAlamanca de los locos egregios...Ramón el poeta,más malo que la Quina,El Carlojo,ahora digno profesor de Instituto..Adares.Bueno,aquellos tiempos.Me sucede lo mismo,eso ya no volverá.Como decía Siniestro Total,bendita frase genial:"Cuánta puta y yo tan viejo"

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  2. Respuestas
    1. hablando con Santi hace un rato,me recordó al Matos.era un tipo con el pelo largo,fumandor de pipa.Andaba mucho por la Covachuela y el Cervantes,al descuido de las guiris.Creo que su familia tenía una empresa de material agrícola o algo parecido y el trabajaba allí.Se ve que era la oveja negra de la familia,por otra parte de posibles.Era muy educado y una vez estuve en una fiesta en su casa o apartamento.EStaba lleno de Holandesas y había una escultura muy rara en el comedor.De más no me acuerdo

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  3. Creo recordar que Matos quedó huérfano muy joven y a cargo de un tío suyo de profesión militar. El militar le mando a volar por su cuenta cuando tenía dieciséis años. Así que con el dinero que le habían dejado sus padres compro un piso y en vivía cuando yo le conocí. Por cierto que le tenía lleno de cojines y plantas. Allí sin duda se había follado mucho. Desde muy joven trabajó como amanuense en el concesionario de Fiat. Y por las tardes solía ir a un estudio que tenia en un ático junto al río a hacer sus pinitos de escultor. Pero cuando realmente deslumbraba era cuando al caer la noche se colocaba su impecable camisa rosa y salía por ahí de copas. Una amiga francesa que tuve por aquellos años decía que era el tipo más atractivo que había en Salamanca. A mí me gustaba su compañía, pero en el Bardo, en donde solíamos coincidir a comer, le tenían bastante tirria. Yo lo achacaba a la natural envidia por el que piensas que folla mil veces más que tú.

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  4. le recuerdo con su melena plateada y su pinta de filósofo existencialista.Desde luego que era muy agradable y atento.No tuve apenas contacto con él.Era bastantes anhos mayor.Pero recuerdo su amabilidad y su tranquilidad.No sabía yo eso del Bardo.Algo me ha comentado Santi.Un abrazo

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