¡Pero hombre, por Dios, si ya hasta el ABC se está bajando del carro y tú sigues erre que erre! La triquiñuela es tan manifiesta que hasta un niño se da cuenta. Que se vacune todo el mundo. ¡Menudo chollo! Me forro y, sobre todo, no dejo una muestra con la que comparar los resultados. La cuadratura del círculo. Pero claro, siempre hay gente avisada que no traga y me puede desmontar el chiringuito. Pues nada, les demonizo y les echo la culpa de mis fallos. Todo en vano, claro está, porque por mucho que utilices sofisticados procedimientos de manipulación psicológica de masas no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Los no vacunados son la muestra que todo experimento científico necesita para comparar. Y resulta, mira tú por donde, que no solo no se mueren sino que están como rosas. ¡Y qué le vamos a hacer!
Me van a decir a mí que durante toda mi vida profesional tuve que resistir el acoso de los representantes de los laboratorios. Y como no les hacía puto caso se dedicaban en cuerpo y alma a desprestigiarme. Todo en vano, porque para desprestigiar a alguien hace falta que ese alguien tenga prestigio, lo que nunca fue mi caso. Ni siquiera mi familia, ni mis hijas, ni nadie, me tomaron nunca en serio. Siempre fui para ellos un chisgaravís y, sinceramente, creo que acertaron. Pero eso sí, yo le gasté al Estado en medicamentos menos que un ruso de los de antes en catecismos del padre Astete. Un talonario de recetas me duraba muy bien un mes, cuando la media de mis colegas era de uno por día. Y de pruebas especiales ni te digo, que, mientras estuve en Barcelona, tenía día sí y otro también, proposiciones indecentes de las clínicas privadas para que les enviase los enfermos que pasaban por mi consulta. Y todo eso lo hacía sin haber leído todavía las memorias de Torres Villarroel que, ya les conté, escapó de los médicos por los pelos.
Pues nada, señoras y señores, sigan con lo del covid. A lo mejor hasta les ponen una medalla por haber sobrevivido a él. ¡Pues menudo servicio han prestado al stabliment! ¡He tenido covid! ¡He tenido covid! ¡Ahhh! ¡Ahhh! Exclaman todos admirados. ¡Menuda experiencia de vida! Buena diferencia con ese desgraciado que ha tenido una miserable gripe. Y es que, claro, para todo hay clases.
Espabilen, señores y señoras, mientras haya un médico cada doscientas personas estarán ustedes en grave peligro de convertirse en un enfermo imaginario al estilo del de Moliere. Porque esa legión de médicos tiene que vivir de algo y tiene que vivir bien. En las mejores casas de la ciudad siempre viven varios médicos. Y lo tienen chupado porque juegan con el miedo... ¡uy, uy, uy, eso, tiene muy mala pinta! ¡Y venga dinero a la buchaca!, como dicen los catalanes.
En fin, solo les puedo recordar una de las últimas recomendaciones que hizo el legendario Escohotado: ¡señores, un poco de coraje, por favor!