sábado, 18 de diciembre de 2021

Morir en paz

Anoche, cuando regresaba de acompañar a María, vi que delante del portal estaba la señora que todos los días saca a cagar a esas horas a su perro paralítico. Al ir a entrar se me adelantó un troncholari de proporciones tirando a mórbidas, enmascarillado hasta las cejas, que muy amablemente me conminó a compartir ascensor. Me extrañó un poco, pero accedí de buen grado. No tardé en apercibirme de la motivación de tanta amabilidad: no llevaba el ascensor subiendo ni dos segundos y el tipo ya estaba lanzando una acalorada diatriba contra los no vacunados. Seguro que suponía que yo, que nunca llevo mascarilla, soy uno de ellos. 

Bueno, así están las cosas: Alemania años 30/40 del siglo pasado. La chusma, debidamente manipulada por el poder en curso, ha podido identificar de nuevo a los judíos causantes de todo su malestar. Porque eso sí que es verdad, la chusma no está bien. Lleva ya demasiados años que ni fu ni fa. Después de un largo periodo de mejorías la cosa se ha estancado y siguen sin poder subir la gama de su coche. Se han estado consolando gracias a la recogida de caca de perro por las calles, pero se ve que ese invento acusa ya fatiga de materiales porque, por lo menos en este barrio, ya nadie recoge: se ha convertido en un campo minado. 

Por supuesto que no me lo tomo a broma. Sé a lo que me expongo. Pero ya les he dicho: quiero que mi descendencia no se avergüence de mi. Es la mejor, y única, herencia que les puedo dejar. Porque nadie se avergüenza hoy día de que un antepasado suyo muriese en Treblinka o similares. Pero los alemanes... ya casi cansa de tanto verlos como los malos de la película. 

¡Oye!, que no les estoy diciendo que esté yo seguro ni mucho menos de que todo esto es un bluf, aunque lo esté en alto grado, pero esa no es la cuestión. Aquí de lo que se trata es de que llevo escuchando toda la vida que existen unos principios que son los que te constituyen como persona y ahora me los quieren arrebatar. Quieren que me inyecte una pócima experimental sin haberme dado la oportunidad de escuchar un debate público entre las diferentes opiniones al respecto. Y por experiencia sé que cuando el poder evita debatir es porque sabe que no tiene razón. Así que, como dicen los tertulianos, blanco y en botella. Y, además, por si eso fuera poco, está la calidad de los científicos que aconsejan no inyectarse... aunque sé que esto de poco me va a servir frente a las hordas desatadas. 

En fin, que sea lo que Dios quiera, pero a mí que me dejen morir en paz conmigo mismo.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario