Hay en el barrio un grupo de homeless que me lo están haciendo pensar. Una chica por los cuarenta o así, regordeta, con gafas. Un cubano negro como el azabache de edad indefinida y otros dos aborígenes de mediana edad y pinta de intelectuales. Siempre están de buen rollo. Ya sea en el dormitorio que se instalan en los portales de los cajeros de los bancos. Ya, comiendo bocatas de chorizo en la plazoleta de Dionisio Ridruejo. Ya, en las interminables tertulias al sol en cualquier banco del paseo marítimo del Pesquero. Ayer les decía ella, con un porro en una mano y una birra en la otra: "a mí no me digáis, que he estado subida en un F16 y en un F18". Me quedé de piedra. Pa mí que el que más se la tira es el cubano.
Bueno, el caso es que tienen una pinta increíble, perfectamente aseados y vestidos a lo West Side Story. Vete tú a saber qué historias arrastran, pero... ya te digo, subida a un F16 y un F18. En fin, que a estos eso de la plandemia se la trae al pairo. Ayer, cuando venía de la piscina, vi a uno de ellos beatíficamente dormido sobre un parterre con una birra a dos centímetros de la boca. Un puto viejo que pasaba por allí se empeño en despertarle para ver si le pasaba algo... y mira que le dije que le dejase en paz, pero no hubo forma. Seguro que era un viejo socialista de cualquier partido. No pueden parar de ser buenos con el prójimo.
Por lo demás sigue el delirio. Una mentira se tapa con otra más gorda. Ahora resulta que el pasaporte covid ha venido para quedarse. ¡Mira que os lo dije! Hay que inyectarse cada nueve meses para que te lo renueven. Lo dijo ayer el presidente en rueda de prensa que daba al alimón con la presidente de la comunidad europea. Se les ve tan ufanos como lo estaban los aristócratas franceses unos días antes de pasar por la guillotina. ¡Pero bueno, quien se habrán creído esta gente que son! Están muy confiados en el aborregamiento de las masas. No sé, pero para mí que esto se les va a ir de las manos. Aunque, por otra parte, ya veo yo al personal diciendo: cada nueve meses, ¡tampoco es para tanto! Por mi parte, digo lo de Bolsonaro: prefiero morir que perder la libertad.
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