La absoluta genialidad de la metáfora de los molinos de viento. Los luchadores por su propia libertad siempre los están confundiendo con esos gigantes que están intentando arrebatársela. Porque ese es el punto, la extremada dificultad a la hora de identificar adecuadamente a esos escurridizos gigantes. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? Todos tenemos nuestras teorías al respecto, pero, si nos atenemos a los hechos, nadie es capaz de dar en el clavo. Por todos los lados se ven Quijotes desbaratados entre las aspas de los molinos.
Ahí tienen, por poner un ejemplo, al profesor Huerta de Soto explicando los perversos intríngulis del sistema con una claridad meridiana, ¿y que consigue? La tozudez de los hechos: todo apunta a que la próxima presidenta de España será una subnormal que se pasa el día hablando del amor cósmico. Y no hay otra. El profesor, con toda su sabiduría, es incapaz de darse cuenta de que los molinos de viento no son los dichosos gigantes que él quiere derrotar.
Ahora mismo, sin ir más lejos, ¿alguien me puede indicar cuales son los gigantes que están imponiendo la inoculación obligatoria de una pócima que solo tiene efectos adversos? Y es inútil todo intento de racionalidad. Estamos otra vez con lo de gasear judíos porque una vez que acabemos con ellos alcanzaremos la paz celestial. Y mira que hay sabios advirtiendo de la fatal equivocación, pero como quien oye llover. Al parecer los enigmáticos gigantes están dando a las masas lo que quieren: desolación. Es que después de tantos años de recoger mierda de perro por las calles, ¿qué otra cosa van a querer?
Y menos mal que siempre estará ahí Sancho Panza para recoger lo que quede del desbarate y subirlo a lomos del rocín para que continúe la aventura. Porque los gigantes nunca ganan del todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario