jueves, 16 de diciembre de 2021

El eterno retorno

El caso es que esos sicarios de la corporación estatal, pongamos que Jiménez Losantos, Isabel Sansebastián, Javier Solana, han llegado a creerse tan poderosos que se han puesto a demonizar a quienes se oponen a la corporación estatal que, ya saben, es la que utiliza la fuerza para imponer sus contratos. A todos esos que no quieren pasar por el aro, han dicho desde sus tribunas pagadas con el dinero extorsionado a la ciudadanía, hay que meterles en campos de concentración y, ¿por qué no?, gasearlos. ¡Claro, están tan acostumbrados a tener razón digan lo que digan! Pero esta vez se han columpiado y han acabado en los tribunales. Porque es que, miren ustedes, solo hace falta una minoría muy minoritaria que no tenga miedo a la corporación mafiosa estatal para que todo el trampantojo se venga abajo. 

Así es que, petit a petit, todos los carnés de crédito social que han ido imponiendo los reyezuelos en sus taifas van siendo anulados por las magistraturas judiciales a instancias de la minoritaria minoría sin miedo. Así que me imagino que Revilluca, si es que le queda alguna neurona funcionante, que lo dudo, debe andar con más de una mosca detrás de la oreja. Porque quería mandar a los militares a dar caza a los disidentes. El muy cretino debe tener una idea de los militares un tanto distorsionada. 

En definitiva, que la resistencia cada día que pasa mejora su organización. Y los jueces, que no son precisamente tontos, se andan con un cuidado exquisito porque, entre otras cosas, saben historia. ¿Y quienes acaban por mandar a la salida de una gran crisis? Pues muy sencillo, los que lideraban la resistencia al status quo. 

El asunto es que, uno, que sabe dónde informarse, se ha dado cuenta de que también Galileo era uno de esos que llaman negacionistas. Y no les quiero cansar con la lista de cabezas brillantes de la actualidad que también lo son. Así que la victoria final, tarde lo que tarde en llegar, está cantada. Y todos los mierdecillas, entonces, serán los que más griten pidiendo la cabeza de aquellos a quienes ahora adoran. O sea, justo como lo que vimos hace cuarenta y tantos años.  El eterno retorno, que le dicen.

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