lunes, 20 de diciembre de 2021

Buenos tiempos para la épica

Nunca pensé que estas acaballas de la vida me fuesen a brindar la que quizá sea una de las más interesantes experiencias que se pueden tener en esta vida, la de haber adquirido la condición de judío en peligro de ser enviado a las cámaras de gas. Ya sé que mi entorno se va a apresurar a tacharme de exagerado, alarmista, etc., etc., pero, no obstante, ellos han corrido a pasar por el aro para ponerse del otro lado del frente, del que está la razón de la fuerza bruta. ¡Pobres! Ahora les toca vivir con la mosca detrás de la oreja. Porque quién puede estar seguro de que la fuerza bruta no se va a volver contra ellos una vez haya acabado con los judíos. O es que no es esa, precisamente, la historia de todas las tiranías. 

Sí señores,  malos tiempos estos para la lírica, pero inmejorables para la épica. Las tiranías siempre acaban por devorarse a sí mismas como consecuencia inevitable de su propia estupidez y entonces es el momento de los que se salvaron de las cámaras de gas por los pelos. De los que supieron informarse y se dieron cuenta de que el poder autoritario tenía los pies de barro. No hay mayor antídoto contra la cobardía que el saber informarse. ¿O ustedes por qué creen que haya sido que el colectivo que menos se ha vacunado en EEUU sea el de los que tienen un doctorado? ¡Una casualidad, claro está! Casualidad que, por cierto, se trata de ocultar por todos los medios. 

En fin, perdonen que insista, pero es que soy de los que tienen la condición de blanco para las baterías de los que se apoyan en los que creen que la libertad es tomar pinchos en los bares o ir de turismo a Pernanbuco... bueno, a Pernanbuco también iría yo a conocer a Joao el de "A son de carriloes"

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