Menos mal que los vídeos de Jens Larsen me desconectan por un rato de esta apestosa realidad. Era tener demasiada chamba el haber vivido una vida tan larga sin un sobresalto de los de verdad. Pues bien, no creo equivocarme si digo que ya le tengo aquí. Esto que está pasando tiene todos los visos de ser un Fahrenheit 451 elevado a la enésima potencia. Porque ahora ya no hay bosques en los que esconderse. Con cualquiera de esas tecnologías que ya se consideran de tres al cuarto te descubren aunque te hayas escondido en el mismo centro de la tierra.
Ahora no veo otra salida a esto que la "no compliance". Es decir, una resistencia a lo Gandhi. Me escaqueo de todo lo que me quieren imponer. No voy a caer en ese pancismo que exhibe la mayoría de la gente que me rodea. ¿Por qué no, si total...?, dicen los muy idiotas que no saben una palabra de historia. Si me pliego a lo que me dicen soy libre: puedo viajar, puedo ir a la disco... ¡Idiota, les estás haciendo el juego! Mañana, o pasado, pondrás tu QR frente a la pantalla para poder pasar y te dirán que no porque has sido un chico malo o lo que sea. Tu emprendiste el camino de la esclavitud. Del asservissement volontaire.
La no compliance al menos te reconcilia contigo mismo. Sí, reconozco que fui un impresentable toda la vida, pero ahora me están dando la oportunidad de acabarla con dignidad. Es la mejor herencia que puedo dejar. Si no puedo comprar comida por no tener el dichoso pase sanitario y muero de hambre... pues bueno, ya tengo la edad que tenía Eratóstenes cuando decidió dejar de comer porque la vida que se le presentaba por delante le parecía que iba a ser una mierda.
No compliance. Sólo hace falta un predicador que convenza a las masas de que solo así se podrán salvar. Hay que resistirse en masa, como cuando los indios que seguían a Gandhi. No hay poder en el mundo que pueda con eso.
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