viernes, 12 de noviembre de 2021

Barbarroja

Estoy viendo a cachos una película de Kurosawa titulada Barbarroja. Es por así decirlo una de tantas versiones del Criticón de Gracián. Neófito encuentra maestro y de su mano recorre el lado oscuro de la vida. En este caso, un médico recién licenciado llega a hacer sus prácticas a un hospital de provincias. Él esperaba otra cosa, algo así como un mundo aséptico en el que poner en práctica los conocimientos médicos adquiridos en la Universidad. Pero nada más lejos de la realidad; la enfermedad está ligada a la putrefacción del alma humana. Sin saber de eso, que no se enseña en las universidades, vas ciego por el mundo cualquiera que sea la actividad a la que te dediques y, más, si esa actividad es comprender y curar la putrefacción del cuerpo que viene por línea directa de la del alma. 

Recuerdo haber visto esta película por mis cuarentena o así, cuando ya mi decepción de la medicina oficial era absoluta. Pensé que las cosas irían mejor si en primero de carrera fuese obligatorio ver películas como ésta. Verlas y analizarlas con un Critilo cualquiera. Entenderlas un poco, en definitiva. Porque es que, alucina vecina con el nivel cultural de la inmensa mayoría de los médicos en general y de los de los hospitales en particular. Parecen estar convencidos de que son algo así como mecánicos de coches.  Es como que intervienen sobre objetos inertes. Los enfermos para ellos no tienen alma. O tienen muy poca. Y no se crean que soy yo el único que piensa así. Les podría citar de corrido una docena de obras literarias en las que se deja sobrada constancia de la estolidez de los profesionales de la medicina.     

Barbaroja es todo lo contrario. No concibe poder curar al enfermo sin intervenir en el mundo que le rodea. Porque no se enferma así porque sí. Por lo general la cosa va de contagio en contagio. La putrefacción del mundo contagia el alma y ésta al cuerpo. Por eso es tan difícil ser médico, porque sin una experiencia del mundo y sobre los entresijos del alma a lo más que puedes aspirar es a ser un mecánico del cuerpo, lo que, como les decía, es el caso de la inmensa mayoría de los médicos que andan por ahí dándole a la matraca pandémica. En fin. 

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