viernes, 5 de noviembre de 2021

Milo

En mis paseos acompañado me han contado un par de veces que un obispo catalán ha acabado casándose con una escritora de literatura porno y satánica. La verdad es que no hice mucho caso porque como he vivido tanto tiempo en Cataluña sé que cosas de ese cariz son allí moneda tan corriente que la gente hace caso omiso de ellas. Allí lo único que te estigmatiza algo es ser botifler, pero no mucho, la verdad, a no ser que quieras pillar de la caja común de resistencia. Hoy me han mandado un artículo de ABC en el que cuentan la historia del obispo y la satánica al más puro estilo de los tabloides británicos. Sí, sí, el ABC de los Luca de Tena ha caído en esos abismos de inmundicia. Supongo que ese cura, que debe ser un tipo brillante, ha sufrido uno de esos brotes psicóticos que llaman enamoramiento y eso es todo. ¡Pobre del que no haya padecido unas cuantas veces en la vida ese tipo de brotes! En cuyo caso habrá pasado por aquí sin haberse enterado de nada. 

Lo que quiero decir es que, los asuntos personales, cada cual es muy libre de airearlos o no. Pero si no los airea el interesado nadie es quien para hacerlo en su lugar, porque es que, además, desde afuera, las cosas personales se ven tan distorsionadas que carecen del menor interés. Nunca pasarán de ser mera ficción. Bueno, para ser exactos habría que decir que tampoco es que cuando cualquiera se pone a contar sus cosas más o menos íntimas se pueda alejar mucho de la ficción. Hay que ser muy bueno relatando para conseguir dar a algo visos de realidad. 

Y en esas estaba cuando, ayer, me demoré escuchando la entrevista que Jordan Peterson le hace a Milo. Ahí sí que dos genios de los entresijos de la psique cavan hondo sin que por ello se conmueva ningún cimiento. Es lo que tiene el ser uno un estudioso inteligente y el otro un superdotado en el arte de comunicar. A Jordan no sé si le conocen, pero de no ser así les recomiendo que le busquen en YouTube y le escuchen, porque sobre pocas personas hay tanto consenso respecto de sus capacidades intelectuales. Y de Milo, pues eso, un animador cultural puesto del lado de los libertarios. Es judío, homosexual y esta casado con un negro. Lo cual no les impide a sus detractores, los wokes que ayer les comentaba, tacharle de homófobo, xenófobo, racista y nazí, por solo mentar unas cuantas de las virtudes que le achacan.  Claro que a Milo le divierte una barbaridad hacer chistes con todas esas cosas que se han convertido en sagradas para los que aspiran a vivir del cuento. Es decir, LGTB, Teoría Critica de la Raza, ect., que vienen a ser para la nueva religión de los wokes lo que la inmaculada concepción de la Virgen María para los cristianos. O sea, que sobre estas cosas, chistes, los menos. 

El caso es que Milo estaba alcanzando tanta preeminencia en los medios que incluso los conservadores que le habían venido jaleando empezaron a tenerle miedo. Ya saben lo que es la clarividencia para cualquier stablishment. Así que fueron a por él y, como siempre suele pasar, con más saña los que más le habían jaleado. Y empezaron a tirar de archivos porque la gente del stablishment sabe por experiencia que en los archivos siempre se encuentra algo que debidamente cocinado, o sacado de contexto, se puede utilizar contra aquel al que quieres hundir. Y así fue como a Milo le encontraron unas declaraciones en las que afirmaba que a los catorce años fue abusado por un cura de veintinueve. Y añadía que aquella experiencia en absoluto le resultó desagradable. O sea, que para nada se sentía víctima. Y a mayor abundancia, como dicen los sindicalistas, remataba la jugada afirmando que estas cosas, o sea, que el abuso resulta agradable para el abusado, son mucho más frecuentes de lo que las fuentes interesadas quieren dar a entender. 

Como ven, todo ello un puro trastoque de los valores que hoy día se consideran sagrados pero que hace cuatro días en absoluto lo eran... léanse, al respecto, las memorias de Gide. ¡Fíjense, abusar de los niños, qué barbaridad! ¡Anda que no sabemos los de mi edad de esas cosas! Digamos que era algo bastante normal en aquel entonces y, como dice Milo, los abusados solían superar con suma facilidad el abuso. Y aquí paz y después gloria. Y lo siento por los que se indignan a la primera, porque debieran hacérselo mirar. 

En fin, cosas todas sin mayor importancia que el tiempo se va encargando de poner en su sitio. 

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