sábado, 13 de noviembre de 2021

Coherencia

Veo el título de un vídeo en el que un tipo entrevista a Juan Luis Cebrián, el que fuera fundador de El País, con motivo de haber publicado éste un libro: "CAOS, el poder de los idiotas". Pues bien, me imagino que no les tengo que decir, por obvio, que ni ciego de grifa me entretendría en escuchar esa entrevista y no digamos, ya, en leer el libro. Con el título voy que chuto y meto gol. 

A este tipo, el típico tonto útil, se le mantuvo en el machito mientras sirvió fielmente a la oligarquía de turno. Cuando a esta oligarquía le pareció percibir ciertos titubeos, le defenestró sin contemplaciones sin importarle una higa fabricar un resentido en teoría de calidad. La oligarquía si algo sabe es que el poder de convocatoria de un resentido entre la gente importante es nulo. Quizá entre la chusma se haga respetar, pero ¿qué le importó alguna vez a la oligarquía lo que piense y sienta la chusma si no es para manipularla? 

Nos va a venir este payo ahora a explicar que el caos que según él se ha apoderado del mundo es el efecto inevitable del haberse hecho con el poder los idiotas, es decir, la oligarquía que le defenestró. Poco se daba cuenta de ello cuando era un par entre los pares. Y mira que, ya, puestos a buscar culpables de este supuesto caos que nos señorea, ¿dónde podríamos encontrar uno del calibre del que fuera tantos años director de la hoja parroquial de la religión progresista?

Les comentaba ayer, o anteayer, que no me acuerdo ya, sobre la incoherencia de Sócrates. Dice que es el más sabio de los hombres porque es el único que sabe que no sabe nada y a continuación se hace envenenar porque, por encima de todo, incluso de la propia vida, hay que cumplir con las leyes de la república por injustas que éstas sean. Lo típico de los charlatanes que, al final, les es imposible recordar lo que han dicho hace un rato. Más tonto y no nace. 

Pues eso, que Juan Luis parece ser un poco como Sócrates: dice una cosa y su contraria, a propia conveniencia, como verdades incontrovertibles. ¡Ay, la coherencia, qué esfuerzos nos exige! Quizá todas esas ideologías irreconciliables que Ortega consideraba hemiplejias morales propias de los imbéciles no se diferencien entre ellas más que en su relación con la coherencia. Por eso es tan difícil ser de derechas y tan fácil de izquierdas, como Juan Luis. A uno de izquierdas, por supuesto fiel admirador de la fidelidad de Sócrates a las leyes del Estado, no le cuesta nada despotricar de los ricos y vivir como uno de ellos. Por decirlo a la catalana manera, son de los que le dan pel davant i pel darrera. Uno de derechas lo tiene mucho más crudo porque se tiene que conformar con un solo agujero. 

En fin, perdónenme, pero es que ya no sé en qué dar para ser un poco coherente con mi pasión por deconstruir los mitos. 

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