lunes, 15 de noviembre de 2021

Gain-of-function

Cuando Huerta de Soto les dice a sus alumnos que el Estado es el demonio, o sea, el mal absoluto, les está diciendo una verdad incuestionable. El Estado es Mabuse, es Moriarti, es Fumanchú... es el repulsivo Dr. Fauci.

Cuando viví en Barcelona conocí a un inglés bastante borrachuzo cuyo padre, con el que alguna vez anduve de bares, era un médico militar retirado que había dedicado su vida profesional a la guerra bacteriológica. Un arma más con la que el Estado nos defiende de potenciales enemigos, había pensado por aquel entonces. Pero hete aquí que ahora voy y veo en una de las audiciones del Senado de los EEUU al senador por Kentuky, Rand Paul, médico de profesión, acorralando al Dr. Fauci. La palabra clave del interrogatorio es gain-of-function.  

O sea, ganancia de función. Es una cosa muy graciosa porque en los laboratorios estatales, o sea, pagados con nuestro dinero, hay unos tipos, en este caso a las órdenes del Dr. Fauci, que se dedican a conseguir, por medio de mutaciones provocadas, que los virus sean más letales de lo que ya lo son per se. Y es muy curioso, porque parece ser que los laboratorios americanos cooperan con los laboratorios chinos en la búsqueda de tan nobles ganancias. Bueno, al final no sabremos si este covid de los cojones se escapó de uno de eso laboratorios, o simplemente le soltaron a ver qué pasaba, o qué, pero de una cosa sí que nos hemos enterado y, a mi juicio, es extremadamente grave, y no es otra que el hecho cierto de que existen esos laboratorios donde se hacen tan horribles investigaciones. 

¿Y por qué tienen que ser así las cosas? Pues muy sencillo, porque las mafias estatales a medida que se va incrementando su poder van siendo más conscientes de que sus verdaderos enemigos no son las otras mafias estatales, de ahí la cooperación entre China y EEUU, sino las masas populares que se pueden volver hostiles si las lluvias son inclementes. Y qué mejor, entonces, para combatir esa hostilidad que soltar uno de esos virus con ganancia de función. Así, en un plis-plás acojonas al personal y aquí paz y después gloria para la mafia... o es que no veíamos el verano pasado a nuestro queridísimo presidente tomando el sol en la terraza de un palacio real cabe el mar de Lanzarote. ¡Oye, que aquí me las den todas! Y al pueblo llano que sufra por mamón. 

No sé, pero me parece que las cosas se han salido tan de madre que no va a ser fácil volverlas a encauzar, así, por las buenas. El demonio, la mafia estatal, está a los mandos de la nave. Ahora es cuando entiendo perfectamente al Profesor Bastos cuando sostiene que hubiera sido muy bueno que los carlistas ganaran aquellas guerras. Ahora tendríamos un Estado demediado, al estilo suizo, y al autogobierno de las pequeñas comunidades no les iba a dar para financiar ganancias de función y otras maldades. Ojalá que de éstas implosionen todos los viejos estados y tengamos un mundo con miles de naciones. En fin, por soñar que no quede.  

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