lunes, 8 de noviembre de 2021

De Molledo a Portolín

La verdad es que me resulta muy difícil, por no decir imposible, entender algo de todo esto que nos estamos trayendo entre manos. Ahora, cuando ya estoy a las acaballas va y se me echan encima todas estas molestias sobrevenidas. O sea, que en mi caso personal, éramos pocos y parió la abuela. Pero, bueno, a D.G. dediqué buena parte de mi vida a aprender a vivirla sin esperar gran cosa del mundo circundante. Un puñado de amigos civilizados, lo que no es poco, y para de contar. Excepción hecha, claro está, de lo que me viene de sangre que es lo que es para bien y para mal. 

Pero en fin, vayamos a lo que nos concierne. Pongamos que hay circulando por ahí un virus. No me cuesta nada admitirlo ya que por experiencia sé que lo realmente extraordinario sería que no lo hubiese. A partir de ahí tendremos que considerar si su virulencia es tanta como la del tren que va de Molledo a Portolín o es una más de lo mismo. Bueno, respecto de estas valoraciones hay mucha tela qué cortar. Cualquiera que no sea analfabeto en cuestiones históricas sabe que las pestes nunca llegaban cuando había buenas cosechas. Su aparición siempre estuvo ligada a encrucijadas peliagudas que por lo general se trataban de resolver fabricando enemigos a los que luego se trataba de eliminar. Las típicas guerras entre sunitas y chiitas, por decirlo de alguna manera. En esas encrucijadas de la historia la gente anda tan jodida que un simple quítame allá esas pajas sirve para perder la razón. Pero, a veces, para volverse loco, no hace falta más que poner la lupa sobre cualquier inconveniente de tres al cuarto. Ya se sabe que con una lupa un grano de arena se convierte en una montaña. 

Bien, admitido ya que hay un virus circulando veamos cual es su letalidad. Según todas las estadísticas que yo he visto, entre un sesenta y un ochenta de los que toman contacto con él se quedan asintomáticos. Respecto a la mortalidad todas las estadísticas que he visto han sido confeccionadas con la lupa. Todo ha servido para el convento: todos los enfermos terminales de cualquier patología han sido rematados por el virus. Por lo demás, ¿cuál es el recorrido tradicional de un virus? ¿Acaso tras un año de andar por ahí buscándose la vida no agota los recursos? La población se inmuniza de él y, entonces, una de dos, o renovarse o morir. O sea, que muta y vuelta a empezar. 

Así que, que nadie se llame a engaño: si los virus te comprometen es que andas chungo. No le des más vueltas. Y esa es la cuestión que en las encrucijadas peliagudas hay gente pasándolo mal para dar y tomar. Porque es que eso de robar fuego a los dioses, que no de otra manera es como se llega a las malditas encrucijadas, genera exceso de expectativas, cosa que, como todo el mundo sabe, es el camino directo a los infiernos. En fin, señores, no se hagan muchas ilusiones respecto de lo que el mundo circundante les puede ofrecer y, de paso, agarren la lupa y tritúrenla con un martillo.  



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