martes, 9 de noviembre de 2021

La barca

Antes pensaba que solo hay una verdad incontrovertible en la vida que no es otra que el que me voy a morir. Ahora pienso que a ésta se le añade otra y es que siempre estoy equivocado. No hay día que no descubra una nueva verdad que me desmiente la que poseía ayer. Y, sin embargo, este hecho incontestable para nada me ayuda a ser prudente respecto de la nueva verdad que interpreto como la definitiva. Sencillamente, es como si fuese idiota. 

El caso es que en mis paseos matutinos, al borde del alba, suelo ver que hay personas que abandonan los amarres de Puerto Chico en sus barcas provistas de fuera borda o un motor central. No sé a dónde se dirigen ni qué es lo que van a hacer, pero me monto mi película: para mí son pescadores que van a sacarse unas perrillas echando sus anzuelos por la bahía o quizá frente el Sardinero si la mar está calma. Seguro que su renta diaria es muy variable, pero no creo que les importe mucho. El chollo para ellos es que tienen una ocupación que les mantiene entretenidos sin tener que dar cuentas a nadie. Claro, el que no ha sido pescador no puede entender lo que entretienen las expectativas con un cierto fundamento. Tu echas el anzuelo y a esperar a ver qué pasa. Tú ya has puesto de tu parte para que pase, lo demás es cosa de los dioses. Aunque por supuesto, no todo es azar; hay su parte de ciencia en el asunto: saber el tipo de anzuelo y cebo que pones y el lugar donde lo pones... que no por otra causa es que que unos pescadores pesquen mucho más que otros. 

Se lo digo por propia experiencia, las horas vuelan se cumplan o no las expectativas. Y nunca te equivocas en nada porque tu pensamiento está absorto en lo que haces. Y cada vez que pica un pez y consigues atraparlo es la satisfacción de un deseo cumplido que insta a persistir. De niño recibí no pocas reprimendas porque no me podía arrancar del río por mucho que ya hubiese anochecido. Otro más, pensaba, y arrojaba el sedal. Una droga, en definitiva, parecida a la del jugador que compra boletos. Una vez comprado ya tienes una expectativa que la ilusión se encarga de trasmutar de remota a próxima... con todos los sueños de paraíso que eso comporta. 

Lo que quiero decir es que si hubiese seguido mis inclinaciones de niño lo más probable es que me hubiera equivocado mucho menos en esta vida. Hubiera acabado con la barca como oficio y la meteorología como preocupación. Y eso hubiese sido todo.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario