Esto ya está tomando visos absolutamente marxistas en el sentido, claro está, de los famosos hermanos. El dilecto y esclarecido Revilluca ha salido en los medios pidiendo a los dioses omnipotentes que se imponga la vacunación obligatoria, ya sea por medios civiles, ya sea por medios militares. Yo también he querido estar a tono y cuando la dependienta de HM me ha preguntado si tenía la tarjeta del club HM le he contestado eso tan manido de que yo nunca pertenecería a un club que admitiese a socios como yo. Luego voy y me entero de que en las bodas que se celebran en Australia los no vacunados tienen prohibido beber alcohol mientras estén de pie. ¿Qué quiere beber, caballero?, dice el camarero. Lo siento, no estoy vacunado, le contesto. O sea, bodas a palo seco. Pues va a ser que no, porque como decía Erasmo, en los banquetes, si no bebes, mejor te vas. Pero lo mejor de todo es que en las búsquedas de google, de unos días para acá, se lleva la palma la palabra repentinitis. Pones repentinitis y salen una pila de vídeos en los que alguien se cae al suelo espatarrao. La verdad es que eso siempre ha pasado. Yo mismo me espatarré una vez. Pero a la gente ahora le hace más gracia porque corre el espécimen de que es a causa de las vacunas. No se sostiene. Aunque también es verdad que el otro día cuando estaba en trance de entrar en Decathlon se me abalanzó un guardia de seguridad para decirme: "La mascarilla, caballero". "Jo, es usted más rápido que Billy el Niño", le dije. El tipo no se lo tomo a mal. Es por su bien, dijo, usted es persona de riesgo. ¿Y usted cómo sabe eso? Hay mucha gente cayendo, dijo, y añadió: es por las vacunas. Para entonces ya había localizado lo que quería comprar y me fui para los probadores. Después, cuando pasaba entre la turba de estudiantes que se recreaban en la acera frente al Torres Quevedo, escuché a unas adolescentes que también decían algo desfavorable respecto de las vacunas. Bien crean que era porque habían escuchado a Revilluca y estaban haciendo uso de su rebeldía juvenil. ¡Por medios militares, ya te digo!
Así y todo, como, donde las dan, las acaban tomando, ahora resulta que ya cuajó el término que denomina a los que gustaban de llamar negacionistas a los que dudaban de todo este asunto que nos estamos trayendo entre manos: tragacionistas, les denominan. Así que como ya tenemos negacionistas y tragacionistas lo suyo ahora será organizar un partido de fútbol para que diriman sus querellas. O sea, por así decirlo, en combate singular, que así es como el Cid ganó a los aragoneses para Castilla la plaza de Calagurris, hoy Calahorra que tiene el recreo y toa la hostia de una culta población. Pues sí, en esas estamos, con un soterrado mirarse de reojo por si las moscas, no vaya a ser que... y es que, qué aburrida sería la vida si cuando vamos de putas no nos quedase, siquiera de lejos, un resquemorcillo de que a lo mejor hay que echar mano de la penicilina.
En resumidas cuentas, que si Revilluca se me pone farruco le llamo tragacionista y que se chupe esa. Porque sí, lo de chupar le va al tío desde que era niño, que bien que le veía yo siempre el primero en la fila de los que iban a comulgar, a diario, ¡oye!, que el que se engancha en esas cosas ya no puede parar. No, no nos merecemos los montañeses que con el culo cascamos nueces a semejante prócer al frente de nuestros destinos. En fin, ¡y qué le vamos a hacer!
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