Lo primero que quiero decirles es que no creo que sea un paranoico. Tengo ya bastante con ser un fóbico social. La gente, cuando pasa de siete, me horroriza. Pero no me invento una realidad paralela. Analizo lo que veo en función de la multitud de datos que voy acumulando. Relaciono unas cosas con otras y aplico la duda sistemática. Al final concluyo con probabilidades porque no acepto certezas hasta que los hechos se consuman. Empecemos.
Ya antes de que tuviese noticia del pase verde e incluso de que se empezase a vacunar pude ver a Tony Blair declarar en una televisión inglesa que el carnet digital era imprescindible para la humanidad. No le di más importancia. Luego cuando empezó la vacunación y los QRs pude leer una carta enviada al gobierno inglés por 1600 clérigos en la que se advertía del peligro de establecer un pase sanitario digital. Puede ser, decían, que ese pase sea la parte delgada de la cuña que se mete con facilidad para luego añadirle otros fines. Fue entonces cuando me empecé a inquietar y atar cabos. Por qué, me preguntaba, esa insistencia obsesiva de las autoridades para que te vacunes con algo que no es vacuna. Luego esa cerrazón informativa sobre los efectos desagradables de la susodicha seudovacuna. Se sigue con la sospecha, que cada día que pasa es más certeza, de que el tal Covid es un Franz de Copenhague*: un trabajo realizado al alimón por siete universidades californianas ha dado como resultado que en los pacientes etiquetados como covid solo se encuentran virus de la gripe A o B. Dichas universidades han solicitado al ministerio de sanidad estadounidense que les facilite cultivos del virus y el ministerio les ha contestado que ni tienen ni saben quien lo puede tener. De resultas de lo cual las universidades han puesto una querella a la administración estatal por fraude.
Los datos se van acumulando y siempre en la misma dirección. A la gripe común la han adobado con miedo y los resultados no se han hecho esperar: acojone generalizado. Luego esas pruebas que llaman PCR que lo mismo sirven para un roto que para un descosido. En resumidas cuentas que la gente se precipita sobre los centros de vacunación con la misma fe que antes se precipitaban sobre Lourdes o Fátima. Por cierto que un tío mío murió de un infarto en Lourdes a donde habían llevado a un hijo que les había nacido con síndrome de Down.
Al final va a resultar que sí, que la cosa va de control social. Porque, claro, ahora, en el carnet de identidad solo hay media docena de datos, pero con un QR de esos se puede saber en un instante hasta el último de tus movimientos. Y si a eso le añades el que no se tiene ni idea de qué es lo que hay en esas que dicen vacunas... porque virus amortiguados desde luego no hay porque nadie ha visto al virus en cuestión... pues bueno, no hay que estar paranoico para empezar a sospechar que nos quieren hacer la de China, o sea, el control absoluto sobre nuestras vidas. De hecho ya ha empezado la fiesta: los sindicatos policiales austriacos se niegan a colaborar con el gobierno en la demonización absoluta de los no vacunados. Y por todo el mundo la gente está empezando a sublevarse porque no le gusta nada el olor a chamusquina que está emanando de todo este asunto.
En fin, Pilarín, que algo está en trance de pasar.
* Invento del TBO
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