jueves, 25 de noviembre de 2021

Dátiles con anacardos

Lo que son las cosas. Coges, agarras un dátil, le sacas el hueso y pones en su lugar un par de anacardos, te lo comes... y olvídate de la viagra. Pero es lo que pasa, que lo que se conoce como los Big Pharma utilizan todo su poder, que no es poco, para impedir que lo que siempre ha funcionado siga funcionando. 

Ya he contado en numerosas ocasiones cuan tormentosa ha sido mi relación profesional con las Big Pharmas. Odiaba, de la forma más racional posible, tener que decir hola a aquel grupo de parásitos que indefectiblemente se demoraban a la puerta de las consultas con sus gabardinas a lo Humphrey Bogard y sus maletines de cuero. Los tíos aguantaban estoicamente una, dos, tres horas a pie firme por tal de poder soltar cinco minutos de rollo a cualquier médico que se dejase. De hecho, había una soterrada división entre los médicos en función del trato que unos y otros daban a esos parásitos. 

Siempre he llevado como un apestoso peso en la conciencia las 35.000 pesetas que me dio uno de esos parásitos por un trabajo que me invente sobre la marcha acerca de los maravillosos efectos de uno de tantos antibióticos. Tendría por entonces unos veinticinco o veintiséis y estaba a dos velas. En el hospital en el que estaba haciendo la especialidad en régimen de internado nos pagaba la simbólica cantidad de 500 pesetas al mes. Y por otro lado, es sus comienzos profesionales, hasta los más avezados son presas fáciles de los vendedores de halagos. Pero una y no más; en adelante cada vez que he tenido que saludar de pasada a uno de esos parásitos se ha revitalizado el apestoso peso de mi conciencia. Nunca les recibí y, por tanto, nunca me volví a prestar a sus prácticas mafiosas con las que, todo hay que decirlo, la inmensa mayoría de los médicos estaban encantados. No creo que nunca haya habido en la historia del mundo caso de cohecho, prevaricación, o como quieran llamar al latrocinio puro y duro, como el protagonizado entre la clase médica y las Big Pharma. 

Y en esas estando, muy alejado ya de la práctica médica,  cuando voy y escucho a Escohotado dando otra versión del asunto. Es lógico, argumenta, que si los médicos son una pieza clave en la cadena comercial del medicamento saquen su tajada de ello. Y de paso nos explica la manera civilizada y, sobre todo, inteligente, que se han inventado los yankis para llevar a cabo semejante escroquerie, que así escomo dicen los franceses al latrocinio. Sin duda a Escohotado le faltaban elementos de juicio para emitir un veredicto sobre el asunto. Él, que se jactaba de no haber pisado la consulta del médico en los últimos cincuenta años. Pues bien, si hubiese frecuentado a esos parásitos que se hacen llamar visitadores médicos y se hubiese parado a analizar el uso de los medicamentos que se hace en la práctica médica habitual, seguramente hubiera cambiado de opinión. Y no te digo  nada, ya, si hubiese observado el cachondeo de los congresos médicos con visita al cabaret incluida. No, estoy seguro de que hablaba por hablar con la intención de que le cuadrasen sus teorías... como por otra parte hacemos todos a todas las horas del día que, no por otra cosa, es que seamos seres tan ridículos. 

En fin, que les cuento estas cosas porque a mi juicio son de mucha actualidad. Las Big Pharma lo han vuelto a hacer. Es decir, que según todos los indicios, se la han vuelto a meter doblada a todo el que no se ha parado a escuchar a los que sabemos de que va el rollo. Pero bueno, como dijo Nosequién, no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.  

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