El que no conozca los vídeos que cuelga Alfredo Diaz en YouTube no sabe lo que se pierde. Es lo mismo que el que no conoce los que cuelga Paola Hermosín. Dos artistas, con el genio andaluz, como la copa de un pino. El video de Alfredo de hoy,- https://www.youtube.com/watch?v=zuJcVKT3eHc -, en el que se ve el intento frustrado de un águila de apoderarse de una cabra montés, no tiene desperdicio. Es la rabia, indignación y exhibicionismo con las que las clases más populares entre las populares exteriorizan sus querellas. El toque moranco, por así decirlo.
El caso es que sigo, mientras paseo por los muelles, escuchando a Rohtbard. Y, se lo confieso, cuanto más insisto en escucharle más radical se hace mi natural anarcocapitalismo. Porque esa es la cuestión que el anarcocapitalismo es tan connatural a la especie humana como el tirar pedos o cosa por es estilo. Lo que pasa es que también es de lo más natural que esté siempre ahí el águila intentando apoderarse de la cabra o, dicho de otro modo, el Estado intentando apoderarse no solo de tu dinero sino, sobre todo, de tu alma.
Y no hay manera de que podamos escapar a la fatal arrogancia, tanto del águila como del Estado. No en vano la imagen del águila es tan utilizada como símbolo del poder absoluto. Por más que, como en el vídeo de Alfredo, la presa se le vaya de las manos al águila no sin antes haberla dejado como unos zorros. ¡Líbrate de la rabia de las clases populares!
Pero, da igual como quede el águila o el Estado después de la refriega. Si por algo se inventó el mito del Ave Fénix fue precisamente por ellos. Siempre resurgen de sus cenizas. Es la tendencia más poderosa de la naturaleza: vivir a costa de lo que te rodea. Lo comentábamos en distendida conversación el otro día, la fatal arrogancia que nos señoreaba cuando de jóvenes combatíamos nuestra impotencia pretendiendo imponer al mundo nuestro modelo de amor cósmico. Es lo que tiene sentirse un mierda, que solo te consuela el querer que todos sean como tú.
En fin, Alfredo y Paola versus el Águila o el Estado: la eterna dialéctica.
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