martes, 31 de marzo de 2020

El área sombreada

Hablamos y hablamos y hablamos, y mandamos chistes por whatsapp, sin otra finalidad que la de ahuyentar el miedo. Y es que si algo es contagioso eso es el miedo. Uno, como por una especie de atracción fatal se pone en contacto con él y ya está perdido. ¡Por Dios, pero quién nos mandará ver y escuchar lo que emiten los medios de comunicación! A partir de hoy me voy a limitar a la lectura, la geometría, 
la guitarra y las carreras por el pasillo. Y, bueno, tendré que salir a comprar porque el supermercado que antes me trae las cosas a casa sería del 20 de abril en adelante. Así de bien han organizado las cosas estos fenómenos que gobiernan. 

Por lo demás quiero decirles que la referencia que el otro día les hice a un artículo muy científico, una vez consultado su contenido con expertos me he dado cuenta de que no era más que otra de pantomima full. Porque así corre el mundo, en una especie de competición por ver quién la dice més grossa, como dicen los catalanes, con procés o sin él. 

Por cierto que si quieren ver una cosa chula, elegante y todos los adjetivos enaltecedores que le quieran añadir, miren aquí: https://www.youtube.com/watch?v=5oMXI0-FCzM




lunes, 30 de marzo de 2020

Determinadas circunstancias

Por lo visto un vecino de esta comunidad, por lo que fuere, al tercer día de confinamiento, subió al último piso, un noveno, y se arrojó por la ventana del cuarto de juntas. Era un hombre mayor, como casi todos los que por aquí habitan. En fin, son cosas que pasan, pero no cabe duda de que determinadas circunstancias agravan las pulsiones suicidas que todos llevamos dentro, las reconozcamos o no. 

Y ahí está el punto y la madre de todos nuestros quebraderos de cabeza, en dilucidar cuáles son esas determinadas circunstancias, en qué consisten, que repercusiones pueden tener en nuestro cotidiano devenir. Y aquí es donde debemos tener en cuenta lo que dijo el clásico, que donde no hay conocimiento, el hábito califica olvidando que debajo de mala capa suele haber buen vividor. Sí, convendría saber en este caso qué hay debajo de la  mala capa del coronavirus porque, así, a primera vista, y pese a quien pese, la epidemia, o pandemia, o como quieran llamarla, no parece ser cosa de gran alcance por sí misma. ¿Alguien se ha preguntado cuántos viejos murieron en España el año pasado, o el antepasado, en el mismo periodo en el que este año han muerto 6000? ¿Y cuántos trabajadores sanitarios estaban de baja por gripes o parecidos el año pasado por estas fechas? Tengan en cuenta que si solo en Cantabria, de soltera Santander, para medio millón de habitantes hay alrededor de 25000 sanitarios en el sector publico, multipliquen por 94, que son los medios millones que hay en España, y les dará la friolera de 2350000 trabajadores sanitarios. Bueno, quizá es que en "de soltera Santander" estén un poco pasados de vueltas al respecto y no sea correcto extrapolar sus cifras, pero estoy seguro de que de millón y medio no bajan. Y total hay diez u once mil de baja por el virus. Como cualquier año más o menos, me apostaría el cuello. 

Para mí que las determinadas circunstancias que nos tienen tan de los nervios y que han obligado al Estado a ponernos en cuarentena en previsión de mayores males, nada tienen que ver con el coronavirus y sí con otras cuestiones que desconozco, pero que por meras razones de supervivencia tiendo a sospechar. Y no me acusen de conspiranóico porque no cuela. Soy médico y sé cuales son las consecuencias de tratar las enfermedades con la droga maravillosa, la cortisona. Rara es la enfermedad cuyos síntomas no desaparecen a los cuatro días de tomarla, pero ¿qué está pasando por dentro del organismo si se insiste en su suministro a dosis más que considerables? Se desbarata todo: te hinchas, se te rompen los huesos... en definitiva, el remedio es bueno para salir de un mal paso, pero para curar la enfermedad hay que buscar otras soluciones que vayan más al fondo del asunto. 

Pues bien, hace años que los bancos centrales no hacen otra cosa que suministrar cortisona en forma de préstamos a interés cero a los gobiernos y economía en general. Han convertido el ahorro en un sacrilegio. Usted, te dicen sin parar, lo que tiene que hacer es consumir. Consumir y consumir y consumir. Ergo: placer, placer, placer. Cocaína, cocaína, cocaína. Y así es que ya en medio mundo gobiernan los carteles de la droga. De chiste, sí, pero las cifras cantan: por mucho que consumamos, el número de personas sin más objetivo en la vida que el de pasear el perro no cesa de aumentar. Según las cifras más optimistas, de aquí a diez años los paseadores de perros habrán llegado a los tres mil millones. 

No sé, solo son pinceladas, pero que el mundo está muy desajustado por la cantidad de gente que no tiene nada que hacer, es una evidencia incontestable. Y eso, sin duda, tiene muy nerviosos a los gobernantes. Así que la llegada, o invención, de cualquier coronavirus les da una tregua impagable. En fin, ustedes mismos.   

domingo, 29 de marzo de 2020

Ciencia

Hoy por fin he entendido algo de lo que está pasando. Me envía Santi un vídeo en el que un médico da las razones científicas por las que los españoles e italianos nos vemos especialmente afectados por el virus. Por lo visto, españoles e italianos somos hermanos gemelos desde el punto de vista genético. Tenemos unas características especiales que no compartimos con el resto de la humanidad. Por lo menos especiales en lo que hace a la forma de reaccionar nuestro sistema inmunológico frente a este coronavirus. El caso es que en otros lugares del planeta mata a los viejecitos y santas pascuas. Pero, en nuestro caso, el sistema inmunológico de algunos jóvenes reacciona desmesuradamente creando una inflamación generalizada por un lado y, también, en algunos, una hemocoagulación diseminada. En resumidas cuentas: corticoides y heparina para combatir el mal.  

Ésta es la parte digamos que puramente científica que yo desconocía por completo. Por otra parte, menos, pero también científica, es la explicación que ayer me dieron mis hijas sobre la morrocotuda bronquitis que tuve a principios de año. Ellas han hablado con su madre que es de las primeras virólogas que hubo en España. A principios de los setenta del siglo pasado estuvo en Londres aprendiendo a cultivar esos bichitos que no son bichitos todavía hasta que no se meten en alguna célula a parasitar. Bueno, el caso es que dice que, seguramente llevamos infectándonos con ese virus ya hace tiempo y que hasta que no se acumularon muertes en algún lado no se cayó en la cuenta de que podía ser un virus y se empezó a investigar y se dio con él. Así que, ¿quién sabe?, a lo mejor ya estoy inmunizado. Y mucha gente más, también.

Luego, claro, está toda la parte política del asunto: un sistema sanitario de corte comunista que obliga a la población a adaptarse a él. De ahí el confinamiento. Espero que de ésta la población despierte y no volvamos a oír a ningún oligofrénico que tenemos un sistema de salud de los mejores del mundo. Ya me dirán donde estaría a estas alturas ese sistema si no fuese por los diez o doce millones de españoles que se pagan una mutua a pesar de tener derecho a la sanidad pública. En fin, a ver si se liberaliza de una vez y así se cambia el sentido de la adaptación, es decir se adapta el sistema a la población y no al revés como es ahora. 

sábado, 28 de marzo de 2020

El percal

Que Pantomima Full sea un canal tan visitado es algo que me llena de esperanza en el futuro de la patria. Y es así porque pienso que esos sketchs son una herramienta poderosa para ayudar a la gente a reconocerse en lo que realmente es. Es decir, que de creer ser portadores de sublimes valores humanos pasan a ser conscientes de la insufrible miseria moral que les asola. Es muy duro, la verdad, pero ya está bien de hacerse fotos en el salón de casa con un fondo de infinitos libros. No engañas a nadie que no sea a ti mismo. No has leído la inmensa mayoría de esos libros que, por otra parte, no suelen ser más que propaganda de la secta con la que simpatizas. Pero es que, además, si has leído alguno que se alejaba de la doctrina lo más probable es que no hayas entendido ni papa. Me conozco bien el percal porque en mi casa a calderadas.

Es humano querer que la gente te considere en más de lo que vales. No hace falta ser consciente de ello para que así sea. Porque es que cuando la gente te considera en mucho la vida se hace más fácil. Vas a cualquier lado y te atienden el primero. Y hay que ver lo que pone eso. Pero, claro, lo triste de este asunto es que son legión los que tratan de hacerse los machos retratándose con fondo de libros y por eso es que, a la hora de la verdad, cuando quieres algo, tienes que hacer cola como todo el mundo. Y hay que que ver lo que encabrona eso cuando crees ser lo que finges ser. 

Pues sí, así son las cosas y me alegra mucho que hayan salido esos muchachos de Pantomima Full a echar una mano en lo posible a esas legiones de tontos del culo que viven en el ridículo permanente. Aunque, por otra parte, no me quiero imaginar lo que sería de la economía si esas legiones aterrizasen en la realidad y dejasen de comprar todo aquello con lo que piensan que se ensalzan. El famoso consumo de masas, la moda y demás. Bueno, antes se congelará el infierno.  

  

viernes, 27 de marzo de 2020

Pura pantomima

La "gripe española" del año 18 del siglo pasado en realidad vino de EEUU con los soldados que acudían a Europa a participar en la Primera Guerra Mundial. Las autoridades de EEUU sabían lo que estaba pasando, pero callaron por lo que fuere. Como el único país de Europa que no estaba en guerra era España, fue aquí donde se dieron noticias fidedignas de la epidemia y por eso nos echaron encima el San Benito. Concretamente, aquí, en Palencia, según las crónicas de la época, murió el 2% de la población. Claro que si ustedes tienen en cuenta cómo era la ciudad entonces se maravillaran de que la mortandad fuese tan baja. Al parecer, aquella gripe se llevó por delante diez veces más gente que la propia guerra. 

Hoy día, pasea uno por Palencia o Aguilar de Campoó y alucina lo bonito y pulcro que está casi todo, pero vayan a las hemerotecas y comprueben como era la cosa hace 100 años. La inmensa mayoría de las casas hoy las consideraríamos chabolas, por supuesto sin el menor servicio sanitario. Y tendríamos que saber cómo fueron las cosechas de los años previos, porque por aquel entonces ni había pantanos ni más fertilizantes que la mierda de las caballerías y ovejas. Así era que para que se diese una buena cosecha había que tener muy contentos a los dioses porque de los humanos poco se podía esperar. Cada sí y cada no venían años malos que si se sucedían causaban unas hambrunas terribles que hacían que la tuberculosis se propagase a toda mecha. Sí, la tuberculosis, yo lo he vivido. En un pueblo como el mío, seguramente de los de mayor nivel de vida de España, rara era la familia que no tuviese uno o varios miembros afectados por la enfermedad. Lo sé bien porque en mi casa había montones de radiografías que, luego, cuando hacía la especialidad, me dediqué a revisar. Pero, claro, tengan en cuenta que en mi pueblo, a pesar de su relativa riqueza, la mitad de la gente cagaba en el carrejo de las cuadras, el sitio donde se acumulaba la mierda de las vacas. Así que, juzguen ustedes cómo era aquella Edad de Oro de los nostálgicos. 

Lo que no podemos evitar ahora con todos las adelantos que tenemos, no sé si afortunadamente o por desgracia, es hacernos viejos y, también, quedar deteriorados por todas las enfermedades que la ciencia actual nos ayuda a superar. Esa es la verdadera cuestión de estas situaciones stresantes, que cuando nos pillan por sorpresa, encuentran a mucha gente haciendo cola frente a la barca de Caronte. Y les da un empujón y les manda al otro lado del Leteo, al campo de asfodelos. ¡Vaya por Dios! Bueno, hay que aceptarlo como cosa natural.

En fin, luego, claro, está el asunto ese de la geopolítica que se trastoca en estas situaciones. Es el típico río revuelto en el que los pescadores furtivos tratan de hacer su agosto. Fíjate lo bien que lo ha resuelto China, dicen los unos. Por supuesto que en una dictadura todo es ordeno y mando, incluso en las noticias que hay que dar. Personalmente no me creo una palabra de lo que han contado sobre lo que ha pasado allí. Vamos a ver ahora como lo resuelve EEUU que es el único país que no tiene una sanidad socializada. En este caso, pase lo que pase, tengan por seguro que lo que nos cuenten será fidedigno.

Y, bueno, perdonen que me haya reiterado en el asunto de marras, pero es que  hasta los de Pantomima Full lo hacen y yo no voy a ser menos. 

jueves, 26 de marzo de 2020

Desistimiento

Decididamente, hay que armarse de paciencia. Ésta es una guerra en la que no hay otra que meterse en el refugio a esperar a que al enemigo se le acaben las bombas. Cosa más que problemática porque si no salimos a destruirle las fábricas en donde las manufacturan lo vamos a tener chungo. Como dicen los británicos, un verdadero conundrum. Es decir, el remedio y la enfermedad hermanos gemelos. 

A Dios Gracias, puedo echar mano de los valses venezolanos de Antonio Lauro revisados por Alirio Diaz. O de algún preludio o choro de Villalobos, o de los palos flamencos que me enseñó el maestro Juan Trilla. Por no hablar de alguna cosilla de Tárrega y Albéniz. Un repertorio sin duda muy limitado para los años que llevo con el invento, pero que, en estas horas aciagas, es píctima y confortativo para un espíritu que, más que atribulado, está exhausto hasta casi el desistimiento. 

Porque esa es para mí a estas alturas la gran cuestión: el desistimiento. ¿Se imaginan un mes más, dos acaso, o tres, en este plan? Entonces sería la del 29 del siglo pasado, mirar por la ventana y ver como los vecinos se arrojan al vacío. Y no por nada si no porque la estabilidad psíquica tiene un límite. Es decir, ni se pueden pedir peras al olmo ni, mucho menos, cotufas en el golfo.  

En fin, voy a ver si hago unas flexiones porque tengo les cames encarcaradas de tanto practicar el sillonbol. 

miércoles, 25 de marzo de 2020

Al límite

Perdonen que insista: el lunes llamé a la consulta de una de las dermatólogas de la mutua de la que soy socio y me dio hora para hoy. Si hubiese ido a mi médico de la seguridad social hubiese acabado el año y todavía estaría esperando a ser recibido. Bien, pues esa es, en resumen, la explicación de todo esto que está pasando con el coronavirus. La asistencia sanitaria, igual que cualquier otra cosa, no funciona en régimen de monopolio. Mejor que no funcionar, si quieren, digamos que no es eficiente, dado lo cual,  si se somete a una situación de stres, colapsa.

Sí quieren entender esto que les estoy diciendo no tienen más que ir a youtube y ver unos cuantos vídeos sobre la escuela de economía austriaca. Lo siento por los románticos, pero la aventura socialdemócrata es exactamente el mismo fraude que el de los gobiernos comunistas que colapsaron a principios de los noventa después de haber dejado un cúmulo incalculable de sufrimientos y degradación moral. Es lo que tiene no confiar en la gente y obligarla por la fuerza a someterse a los designios de una cúpula mafiosa. 

Lo ví claro el otro día escuchando a Boris Johnson: no es que el coronavirus produzca un número exagerado de pacientes, es, sencillamente, que el sistema público de salud, en condiciones sanitarias de normalidad, está siempre al límite de sus capacidades. Y dado que poner negocios para competir con un monopolio estatal es por lo general poco rentable, el capital privado se abstiene de invertir en el sector sanitario. Y por eso estamos como estamos y lo que te rondaré hasta que no consigamos por el procedimiento que sea necesario desmontar los diversos monopolios estatales y dejemos que la gente del común se organice a su manera para suministrarse los servicios básicos. 

Sí, señoras y señores, ese es el punto y la madre de todos los problemas; el estado socialdemócrata. O, para decirlo de forma que todos entiendan: una organización política que no confía en las personas y por eso dedica todos sus esfuerzos a tenerlas sometidas. No es ni más ni menos que el mugriento rollo de las vanguardias del proletariado que vivían como dios mientras los proletarios de base a obedecer y callar por una dosis de soma al día. El famoso soma del no menos famoso Mundo Feliz. En fin, espero que todo esto que está pasando sirva de lección y, en adelante, cada vez mayor número de personas se apunten a las mutuas sanitarias hasta que consigamos anular el maldito monopolio estatal con su ejercito de parásitos... porque esa es la cuestión, que detrás de un monopolio lo que realmente hay es un ejército de parásitos que nos están chupando la sangre.  

martes, 24 de marzo de 2020

La cachaba

Cada vez estoy más convencido de que la situación actual no es más que una maniobra maquiavélica de los enigmáticos poderes en curso para acabar con los viejos. A unos les rematan directamente en las unidades de cuidados intensivos y, al resto, por la sádica manera de mantenerles recluidos en sus casas. Todo el mundo sabe que un viejo que no sale a la calle se deteriora a pasos agigantados y en cuatro días está para Pan y Guindas, como dicen aquí en Palencia. 

Yo, la verdad, por mucho que me afecte la estrategia no dejo de reconocer que es la adecuada. Porque es mera naturaleza en acción. Mantener la supervivencia de la especie exige sacrificios, cosa que debido a la perversidad de las ideologías dominantes habíamos olvidado. Hemos estado demasiados años creyendo que, por fin, habíamos conseguido torcer el brazo a los dioses. Que les podíamos tutear. Una verdadera infantilada. Vivimos rodeados de una ficción absolutamente estúpida. Los héroes ya no lo son por valientes, inteligentes, virtuosos o sacrificados, no, lo son por poseer poderes sobrenaturales. Pero si es que hasta en el portal de mi casa han puesto un espejo que deforma la imagen para que cuando esperamos el ascensor nos veamos más esbeltos. El caso es que vivamos en el engaño permanente. 

Pero ya digo, la naturaleza, o los dioses si mejor quieren, tiene sus leyes ocultas que todavía estamos muy lejos de desentrañar. Con un simple virus puede poner orden en el desbarajuste global. Los viejos, por fin, vamos a tener que reconocer que caminamos con tres patas. Sí, sí, todos esos anuncios del IMSERSO, en adelante, deberán estar protagonizados por viejos con cachaba y espaldas encorvadas. ¡Ya está bien de tanto juvenilismo de mierda!

Los que sobrevivan podrán comprobar mi infalible teoría: a medida que vayan muriendo viejos irá subiendo la bolsa. Porque será la restauración del equilibrio natural. Porque ese equilibrio, no se engañen, está roto y bien roto. Millones de improductivos chupando de la sabia del mundo, la juventud productiva. No puede continuar este endeudamiento progresivo. Los muertos vivientes están hipotecando a los vivos. Hay que pegarles una patada en la cachaba para que se despatarren y desaparezcan. 

La cachaba, esa es la cuestión, que los que la llevan ni siquiera saben que la llevan, y por eso es que la peste no cese Tebas. Y, ahora, ha venido este Edipo en forma de coronavirus de los cojones a desentrañarnos de nuevo el enigma.    



domingo, 22 de marzo de 2020

San Estanislao

A mí cada día que pasa me entran más ganas de hacer como hizo Estanislao Figueras que dijo "estoy hasta los cojones de todos nosotros", dio un portazo y se fue a Paris. Supongo que de putas que era lo suyo por aquel entonces. Por si no lo saben, les diré que Estanislao Figueras era a la sazón Presidente de la Cortes de la Carrera de San Jerónimo. Bien, yo me conformaría con tu pass away, que dicen los ingleses, y a tomar pol culo la bicicleta. 

Estamos aquí recluidos en casa a causa de haber ido dejando de lado la política hasta conseguir que sean los peores los que están al mando. Ya lo advirtió Platón que ésta era una de las consecuencias inevitables de la democracia. Ninguna persona con una mediana formación y dos dedos de frente quiere arruinar su vida dedicándose a discutir con mafiosos camuflados de ingenieros sociales... que no otra cosa es eso que llaman políticos. 

El gran fraude viene de lejos. Llevamos años construyendo un gigantesco castillo en el aire con la milonga de la violencia machista y los que pudiéramos haber explicado, papel y lápiz en mano, la inconsistencia del castillo, nos hemos limitado a hacer chistes. Ahora, ya, como viven cientos de miles del invento, vete tú a poner el cascabel a ese gato. Habría que sacar los tanques a la calle. La técnica del fraude es sencilla: el populus, por definición, tiene un pensamiento sinecdótico, es decir, está acostumbrado a tomar la parte por el todo o a elevar a categoría la anécdota. Lo apunta el refrán: porque maté un perro me llaman mataperros. Y a eso es a lo que se dedican estos aprendices de ingeniero social que nos desgobiernan, a fomentar ese pensamiento infantil dedicando el 90% del telediario a glosar los 55 asesinatos de mujeres a manos de los hombres que suceden cada año en España. El dato, como sabe cualquiera que no esté interesado en sacar partido del asunto, es de todo punto irrelevante. Entre 47 millones de personas se supone que tiene que haber unos cuantos cientos de miles de psicóticos profundos de entre los cuales, por lo que sea, unos cuantos miles dejan de medicarse. Así que bastante pocas desgracias hay para las que se pudieran esperar. En fin, sin la maldad de los mafiosos nada de esto sería relevante, porque la realidad es que no lo es en absoluto. 

Lo del coronavirus es exactamente lo mismo. Hay un número irrelevante de contagios y no te digo ya de muertes. Según el informe oficial del Ministerio de Sanidad de hoy el número de contagiados es el 0,05% de la población y el de muertos 0,003%. O sea, irrelevante y, si me apuran, gozoso, porque todos los muertos, al menos en Madrid, que son la mayoría, son de edades que oscilan entre los 73 y 99 años. Y habría que ver esa distribución y las condiciones previas de esos muertos. En definitiva, sobrante que se retira con gran alivio para las arcas de la Seguridad Social. El resto ya lo conocen, los ingenieros sociales venga a dar a la matraca para instigar el miedo del populacho. 

Y eso es todo, así que o te vas de putas como el bueno de Estanislao o te sublevas. 

sábado, 21 de marzo de 2020

Puto mind blowing

Hoy Ter ha colgado un vídeo en YouTube que es puto mind blowing, como ella dice. Va de la importancia del descubrimiento de la catenaria en el desarrollo de la arquitectura. El caso es que catenarias las hay por todas las partes. Se asoman a la ventana de la cocina y ven las cuerdas del tendal. Por mucho que las hayan tensado siempre conservan algo de catenaria. La tensión nunca es capaz de superar el peso de la cuerda y eso hace que se curve aunque sea mínimamente. Pues bien, esa curva es la catenaria. Como también forman una catenaria las líneas de fuerza que sostienen un arco de medio punto de los de toda la vida. En fin, Ter lo explica de maravilla, así que si les interesa el tema ya saben donde acudir.

Por mi parte he pasado buena parte de la mañana leyendo sobre el extraño fenómeno de la catenaria y su desentrañamiento matemático. Es algo tan elegante y sofisticado como lo que sigue:



TH es la tensión horizontal de la cuerda y lambda el peso por unidad de longitud del hilo. Y el caso es que si desarrollas esta función en Series de Taylor obtienes una curva muy próxima a la parábola, pero que no es parábola, bien sure.

En fin, que, como consecuencia directa de que en las escuelas no pongan el menor interés en enseñar a los niños de qué va el mundo, tenemos que a la hora de la verdad son cuatro gatos los que le configuran y mueven. Y no por otra cosa es que cuando a la gente le dicen que se tiene que quedar en casa sin salir hasta nuevo aviso, la gente va y obedece como corderitos porque sabe que, si no lo hace, viene el perro del pastor y les muerde en el culo. Y eso es lo único que tienen que saber los corderitos y, por tanto, lo único que enseñan en las escuelas.

viernes, 20 de marzo de 2020

El sobrante

Mis vecinos de rellano andan por los ochenta y tantos. Él está un poco zumbado porque tuvo algún tipo de problema cerebral, pero por lo demás se mueve bien. El caso es que al hombre, por lo que he podido inferir, le encanta lo de ir a comprar el pan. Y esta mañana, justo había empezado la operación logística cuando, en el mismo rellano, le ha interceptado una de sus hijas. Lo sé porque he escuchado unas voces muy subidas de tono y, de inmediato, me he puesto a espiar por la mirilla. La hija, un poco burra y, sin duda, hasta los ovarios de las tareas suplementarias que le ha traído la operación en curso, ha aprovechado la coyuntura para recordar a sus padres como cincuenta veces  que son muy viejos. Los pobres estaban a la puerta y ella, en mitad del rellano, venga y dale a la matraca: "sois muy viejos y os podéis contagiar", una y otra vez de forma a todas luces innecesaria. Yo, lo observaba divertido y pensaba que la muy puta debía estar pensando para sí: no caerá esa breva. Porque es que los viejos, a juzgar por las numerosas visitas que reciben habitualmente, deben ser potentes hacendados de los que mantienen a los hijos expectantes de mejores días por venir. 

Y ahí está el punto y la enjundia de toda esta cuestión que nos traemos entre manos, en los viejos. O si mejor quieren, en el sobrante. La sociedad, como toda estructura, se empieza a tambalear si no se le retira el sobrante que se le acumula en los engranajes con los años de uso. Millones y millones de viejos amomados entorpecen los mecanismos del sistema hasta el bloqueo total. En definitiva, la energía, o el dinero necesario para poder innovar se gasta todo en mantener vidas, por llamarlas de alguna forma, que no producen más que mala leche en sus hijos. Y, entonces, como la Naturaleza es sabia, va, lo ve todo, y dice: esto se está poniendo muy chungo; hay que hacer algo. Y saca de paseo a un coranavirus. 

Hasta aquí, es el normal transcurrir de los acontencimientos por los siglos de los siglos desde que Edipo descifró el enigma de la Esfinge. Pero, ¡ay hijo!, ahora ha surgido una nueva estirpe de Epimeteos empeñados en abrir todas las cajas de Pandora que nos envían los dioses. Son los Políticos que, con la soberbia que procura la ignorancia, pretender torcer el brazo a la Madre Naturaleza. Los viejos, según ellos, desmintiendo a la Esfinge, siguen caminando sobre dos pies por el simple hecho de que pueden ir a votar. Hay que preservarles a toda costa. Y mientras tanto la peste sigue estragando a Tebas. 

Pero dará igual que hagan lo que hagan porque todos sabemos que los dioses escriben recto con renglones torcidos. De una forma u otra, con mayor o menor sufrimiento, habrá que deshacerse del sobrante si se quiere seguir adelante.  

miércoles, 18 de marzo de 2020

Lo que hay que hacer

Una vez más, y ésta prescindiendo de las barras de los bares, España se ha llenado por arte de birli-birloque de ilustres profesionales de la virología, epidemiología y demás ciencias de la salud. No sé si pasará lo mismo en otras latitudes, pero en estas hay una indiscutible habilidad para hablar de cualquier cosa como si se supiese de ella con las dos pinceladas que se han recogido por ahí al vuelo. Y es que el caso es que en estas que estamos pasa como pasa con todo lo que no se puede resolver con matemáticas de andar por casa. No es, en definitiva, cuestión de blanco o negro. Hay muchos matices intermedios que permiten especular. 

Vamos a ver, ¿ustedes piensan que los ingleses saben de estas cosas de los virus menos que los españoles? Pues no lo sé, pero hace muy pocos años todo lo que sabíamos aquí del asunto lo habíamos aprendido de ellos. Claro que tampoco eso quiere decir nada, porque puede ser que nosotros hayamos adelantado mucho y ellos se hayan dormido en los laureles. Pero pienso que no debe ser el caso porque conozco el percal. 

Los problemas sanitarios complejos se pueden enfocar desde diversas perspectivas y nadie puede decir cual fue la correcta hasta que se ven los resultados de una u otra opción. En cualquier caso, aventuraré mi docta opinión: dará exactamente igual que se tomen unas medidas u otras porque la realidad es que a estas horas el número de impregnados de coronavirus es incalculable, es decir, la práctica totalidad de la población circulante. Y luego van los políticos de turno, en este caso los británicos, y dicen: esto lo vamos a solventar a nuestro modo con solo 20000 muertes. O sea, un 0,033% de la población. Pero es que luego nos tendrían que aclarar qué porcentaje de ese 0,033% son gente que ya esta haciendo cola a las puertas de la Parca. Porque esa es otra de las variables de la manipulación de todo este asunto. 

En resumidas cuentas: hoy ha colgado un vídeo sobre el coronavirus en YouTube una de las personas que más admiro en este mundo, Jaime Altozano. Le he escuchado y al acabar me he atrevido a hacerle una observación: es la primera vez que le escucho hablar sobre un tema del que se nota que no tiene ni idea. Bueno, también el  profesor G. Maestro ha echado su cuarto a espadas sobre el particular: delirante en todo caso. 

Pues eso, que "lo que hay que hacer" es lo que a cada cual le salga de las pelotas y que, luego, apechugue con las consecuencias como lo hacen los hombres de pelo en pecho o las mujeres con felpudo en donde corresponde tenerlo. Por cierto, la novia de Jaime Altozano, Ter, ha colgado hoy un vídeo que es una pasada. ¡Qué muhé!

martes, 17 de marzo de 2020

Energía

Como ya les he contado, de vez en cuando me demoro en esas series policíacas que ponen en el canal Energy. Si no ando equivocado, el género policíaco es el más moralizante de todos. Describe las grietas del sistema por donde la sociedad se precipita en los infiernos. Cuando aquellos maravillosos años nos encantaban las novelas de Chandler, Hammett y demás autores zurdos, siempre con el telón de fondo del vicio que genera la riqueza. Luego, un día, Santi me pasó las obras completas de Conan Doyle en un tomo de Penguin. Era un libro francamente gordo que me tuvo abstraído una buena temporada. Y entonces me di cuenta de que lo de Chandler y Hammett era burda propaganda política. Doyle, no sólo introdujo el método científico en la investigación policial sino que, también, se recreo en la inasible complejidad de la condición humana. Para él el mal no tiene una adscripción determinada por las condiciones sociales sino que campea por doquier. Hay múltiples, por no decir infinitas, circunstancias que son caldo de cultivo para su crecimiento. De hecho, nadie, rico, pobre, letrado, iletrado, guapo, feo, lo que sea, está libre de que se le crucen los cables y haga una barbaridad.

Que el ocio es la madre de todos los vicios se sabe desde que un mono se mutó en humano. Pero también hay obsesos del trabajo que todo lo que hacen parece diseñado por el príncipe del mal. Todas las pulsiones humanas dañinas estas propiciadas por una sensación más o menos dolorosa de carencia que se quiere aliviar por el procedimiento más rápido y que menos esfuerzo requiere. Hay que tener una muy buena educación y, seguramente, un coeficiente intelectual elevado, para saber sobreponerse a eso. Y por eso es que la inmensa mayoría estemos llevando una vida más o menos normal, pero siempre con la conciencia de todas las veces que nos hemos librado por los pelos de la consecuencias de las tonterías que cometimos impulsados por esa sensación de carencia

Entonces, en esas series que les digo que suelo ver, hay múltiples variables del mal propiciadas por todo tipo de pasiones desbocadas: la codicia, los celos, la venganza, justicia... todo ello, ya digo, desbocado, porque cuando esas pasiones que a todos nos asaltan de continuo son debidamente canalizadas no pasa nada más allá de algún mal rollo pasajero. Pero, ¡ay cuando se desbocan! Matar, entonces, no es más que un desahogo que alivia el dolor. Y ahí reside muchas veces la contradicción sin respuesta que hace atractiva la historia, porque no pocas veces el asesino sólo buscaba la justicia que el sistema no es capaz de proporcionarle. Justicia que el código penal llama venganza. No, no es fácil codificar las pasiones. De ahí que la ley sea, o parezca, tantas veces arbitraria. El bien y el mal, en definitiva, solo es una convención que la realidad no para de cuestionarse. En la forma de hacerlo estriba la calidad del producto: para un zurdo, por ejemplo, el mal siempre es un subproducto de la riqueza, cosa que, como comprenderán, gusta mucho a todos los envidiosos del mundo mundial... que somos la inmensa mayoría hasta que nos hacemos mayores y hemos conseguido hacer unos dinerillos. 

En fin, la eterna lucha entre el bien y el mal, tan escurridiza que se lleva por delante toda la energía del mundo. Por eso me parece tan adecuado que ese canal se llame Enegy. Y entre episodio y episodio te atiborran a publicidad... incitación al placer inmediato, en definitiva. ¿Qué hago, entonces, si no tengo dinero para comprarlo? Ustedes deciden.   

lunes, 16 de marzo de 2020

Némaste

A mí Trump, ni fu ni fa, como cualquier otro mandatario del mundo mundial. Pero reconozco que si hay alguno entre ellos que tenga su aquel ese es él. Le veo hoy en un vídeo diciendo que lo de chocar esos esos cinco se debiera acabar de una vez por todas. Es una práctica antihigiénica, ha subrayado. Yo he heredado de mi padre esa misma repugnancia por dar la mano a cualquiera. Le vi muchas veces ir corriendo a lavarse las manos después de verse obligado a saludar a alguien. Y tenía acostumbrado a todo el pueblo a ponerle una palangana con agua y jabón para lavarse las manos una vez realizadas sus funciones profesionales. Claro, él veía de cerca el percal y sabía como mantenerse a salvo. 

Alguna vez les he dicho a mis hijas que en nuestros esporádicos encuentros debiéramos limitarnos al civilizado "námaste" de los orientales. Pero no hay manera. A ellas las educado para la promiscuidad, una palabra que de un tiempo a esta parte se trata de dignificar y, sobre todo, eufeminizar, cambiándola por socializar o, más estúpido todavía, empatizar. En definitiva, son cosas que promueven los curas en las iglesias y, luego, sus albaceas naturales, los socialdemócratas, institucionalizan en la sociedad. En fin, con ello hay que vivir y pongamos nuestras esperanzas en Trump para que avancemos un poco en el proceso civilizatorio. 

Por lo demás, sigue la gran dégringolade. A estas horas de la mañana ya vamos por un 10% de caída en la bolsa nacional. Un cuarenta y tantos por ciento en la última semana. Y ya sabemos lo que quiere decir eso: que al haber menos harina habrá más mohína. En cualquier caso menudean cada vez más en YouTube los vídeos de cariz apocalíptico. O conspiranoicos. Incluso, ayer oí a uno que avisaba del inminente cierre de internet. O, en su defecto, de las redes sociales. Por lo visto, el plan de los Mabuse, Moriartis y demás de turno, es dejar aislada a la gente como fórmula ideal para moldearla a placer. Según esos agoreros se avecinan unos cambios del sistema que lo van a dejar que no lo va a reconocer ni su madre. Personalmente, pienso que habrá ajustes duros e, incluso, al final puede que optemos por decir némaste en vez de darnos besos y chocar las manos, pero, por lo demás, seguiremos en las mismas, es decir, la mitad de la población sin otro proyecto de vida que el de sacar a cagar al perro tres veces al día. 



caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

l soslayo, fuese y no hubo nada.


domingo, 15 de marzo de 2020

No hay mal....

No hay mal que por peor no venga. Y es que está esa parte de la condición humana que le importa una mierda el porqué de las cosas con tal de que me beneficie. Por poner un ejemplo, imagínense que el avión en el que va un hijo suyo se estrella y a usted le cae una indemnización millonaria. Entonces, va usted y cumple uno de los sueños de su vida: una casa con jardín y piscina en un barrio chic. Y ahí está usted bañándose y tomando el sol todos los días sin acordarse para nada de su hijo. ¿O sí? Pero, bueno, uno en cualquier caso se sobrepone y a vivir que son dos días. O, mejor si quieren: el muerto al hoyo y el vivo al bollo. 

El caso es que se da el caso de que en estos tiempos que corren prolifera por doquier una profesión que recuerda mucho a la insufrible peste de los psicólogos que venimos padeciendo de hace unas cuantas décadas para acá. Gente, en definitiva, que a falta de capacidades cognitivas para desarrollar profesiones que requieren del pensamiento abstracto, buscan su modus vivendi en el ejercicio de la picareca: venden autoayuda. O crecepelos, si mejor les parece. Pues bien, estos que les digo de ahora, son los asesores financieros, unos tipos que a juzgar por lo que presumen saber de finanzas es prácticamente imposible que no estén forrados. Y, sin embargo, tienen la humildad de gastar un montón de su precioso tiempo en asesorarnos para que también nosotros nos forremos. ¡Enternecedor! 

Y así es que si cogen, agarran, y le dan al YouTube aparecerán como por ensalmo, y sin haber sido solicitado, mil o dos mil vídeos de asesores financieros que te instan a aprovechar este momento trágico por el que estamos pasando para sacar jugosos beneficios. "Las grandes fortunas se hicieron en las grandes crisis", repiten como si fuera un mantra. El caso es saber cuales de entre los despojos que ha dejado la batalla merece la pena comprar. Y eso es precisamente lo que te dicen desinteresadamente todos esos gurús de las finanzas sobrevenidos de la noche a la mañana. ¡Oye, el mundo es ansí! Para que el ecosistema se mantenga son imprescindibles las especies carroñeras. Claro, no nos podemos engañar, porque esas especies se multiplican exponencialmente después de la batalla y cuando las aguas vuelven a su cauce no encuentran el fácil alimento que las multiplicó... ergo, se tienen que tirar sobre todo lo que se mueve. En definitiva, que una especie dañina sobrevuela la ciudad.  

La verdad, si estos gobernantes socialdemócratas son tan buenos como presumen ser, no me explico el porqué de que en llegando estos momentos dramáticos no toman como primera medida preventiva de futuros males el cierre de los mercados financieros. Aunque lo de futuros males... quizá sea todo lo contrario y por eso no los cierran. Al fin y al cabo, dicen los que saben, que el que el dinero se concentre en pocas manos es bueno para volver a empezar. 

sábado, 14 de marzo de 2020

Igual Da

Si no calculo mal fue en el año 58 del siglo pasado cuando hubo algo similar a esto de ahora. Dijeron que era gripe, pero vete tú a saber porque por entonces faltaban años todavía para saber identificar a los virus. No sé si ya existiría por entonces el Instituto Nacional de Virología de Majadahonda, pero desde luego que en los hospitales hasta los setenta, de virus, nada de nada. El caso es que estaba yo por entonces en régimen de internado en un colegio de religiosos salesianos. Dormía en un dormitorio corrido con otros cincuenta o cien niños. Pues bien, fui casi el único de todos ellos que no se contagió. O, por lo menos, que no tuve síntomas. Así que andaba por el patio todo el día como alma en pena en compañía de otros dos o tres que también se habían librado por lo que fuese. El asunto duró unos pocos días y no recuerdo que se hablase mucho del número de muertos. Por entonces tener una gripe era encontrarse un poco pachucho. Los catarros y todo eso que en aquellos tiempos con las malas condiciones de las viviendas y la peor de las vestimentas, eran el pan nuestro de cada día. Todo el mundo entendía por entonces aquello que dijo el clásico de que en no teniendo mocos no gustan de gargajos. Porque los niños, de octubre a mayo, siempre andaban sonándose al aire y, los viejos, gargajeando a placer, incluso en esos meses de verano. Así era que sólo se estaba sano en los años de la juventud, más o menos el tiempo que el tabaco tardaba en fabricar la bronquitis crónica. 

Ahora, ni te digo. Es más fácil ver un burro volando que a un niño con mocos por la calle. Y un viejo gargajeando es como cosa de frikis. Lo cual que como que no es para tirar las campanas al vuelo porque como dijo no recuerdo quién no sólo de salud vive el hombre. Y la mujer, por supuesto. Las cosas, lo diré recurriendo al tópico, son mucho más complejas. Personalmente, no me parece apreciar por ningún lado que los niños y viejos de ahora estén más sanos, en su acepción más amplia, que los de mis años mozos. Es evidente que hay menos catarros y cagaleras, pero, eso, por comparación a ciertos síntomas mentales que parecen apreciarse de forma muy extendida en la actualidad, es pecata minuta. Por poner un ejemplo inapelable, cuando mi niñez lo de la jubilación ni se sabía lo que era. El común de la gente trabajaba hasta que le daba un patatús y se moría. Claro que también es verdad que los trabajos eran mucho más interesantes y proporcionaban un reconocimiento social bastante al margen de los emolumentos que produjesen. Juan el Herrero, por sus ochenta o noventa, seguía siendo imprescindible para la comunidad. Le recuerdo bien porque me dejaba dar a la manivela del fuelle de la fragua. Y le veía sentado, agarrando con la izquierda las tenazas con las que sostenía la pieza al rojo sobre el yunque mientras con la derecha la iba configurando a golpes de martillo que intercalaba con los que su hijo Carlos daba con una maza. Hoy día, Juan, hubiese estado condenado a ir por la calle recogiendo las caquitas de su perro. Y cosas por estilo. Un enfermo mental, en definitiva.  

De los niños ni te hablo. Ándabamos a nuestra bola sin la menor coacción. De vez en cuando nos pasábamos de la raya y no había misericordia divina que nos librase de la merecida penitencia. Desde luego que yo no les cambio todas aquellas guerras que hacíamos por los callejos ni todos las artilugios que nos inventábamos para pescar peces por todos estos cachivaches que utilizan hoy los chavales. Comprendo que a cada época le toca lo suyo, pero no denosto en absoluto de la que me tocó por comparación a esto de ahora. 

Les voy a ser franco, lo que más echo en falta de aquellos tiempos con respecto a estos es la sensación libertad. Porque cuando se habla de libertad se está hablando de una sensación. Luego, claro, hay unos parámetros más o menos objetivos con los que se pretende evaluar esa sensación, pero, nunca lo olviden, esos parámetros, a la hora de la verdad, son bastante subjetivos. Así que para ser franco, mi particular sensación subjetiva es que se era más libre con Franco que después de Franco. Solo hay que comparar aquella epidemia del 58 con esta de ahora. Lo que va de dejar a la gente que se salve por su cuenta a imponerla unas normas de obligado cumplimiento y más que dudosa eficacia. 

En fin, de traca: ¿Han visto ese vídeo en el que la ministra de Igual Da le estornuda encima de la cara a una vieja que por lo visto es una ilustre lesbiana? Y a los dos días nos dicen que la ministra está contaminada. Eso, Igual Da.

jueves, 12 de marzo de 2020

La Gran Dégringolade

Supongamos un número cualquiera, pongamos que 487. Restémosle ahora la suma de los dígitos de que se compone: 487-(4+8+7)= 468. Pues bien, 468, por narices, tiene que ser múltiplo de 9. Efectivamente, 468/9= 52. No falla. Parece una tontería, pero no lo es. Es una prueba más de la magia que se esconde tras los números. En fin, comprendo que haya gente a la que estas cosas no le dicen nada. Será, porque se lo dice otras cosas. O vaya usted a saber, porque hay por ahí personas que como que viven en perpetua ataraxia. 

Y hablando de números, si se fijan, estamos asistiendo a la gran dégringolade. De repente, en una semana o así, han desaparecido de la circulación unos cuantos billones -de los europeos, no de los americanos- de las monedas más poderosas. O sea, cantidades ingentes de dinero que están desapareciendo por arte de birli-birloque. Hay quien dice, con muy buen juicio a mi parecer, porque los hechos son los que son, que se está aprovechando la confusión generada con lo del coronavirus para resetear la economía. Los bancos centrales habían puesto tanto dinero en circulación para sostener artificialmente la economía que la cosa ya no se aguantaba. No sé, porque todo esto es endemoniadamente difícil de entender, pero, ya digo, los hechos cantan. Dicen que entre Bezos, Gates y cuatro más, han perdido esta semana más de 400.000 millones de dólares. Bueno, a ellos no les va a afectar, pero yo conozco a varias personas que tenían sus magros ahorros invertidos en fondos de los que dicen conservadores y ninguna de ellas ha evitado una merma significativa. En fin ya veremos si lo del coronavirus es algo real o, por contra, un invento del TBO para metérnosla doblada. Porque lo que es metérnosla nos la están metiendo. De esta, todos más pobres. 

Aunque tampoco hay que preocuparse mucho por eso, porque sabido es que la necesidad aguza el entendimiento. Y en esas estamos, viendo que cada día hay más gente sobresaliente rebelándose contra esta mentira socio-politica-económica que llaman Estado del Bienestar. O sea, un montaje en el que se ha llegado a cotas de sinvergüenzonería que sobrepasan los habituales límites de la imaginación. Al respecto me hablaba el otro día Santi de una compañera muy notable que tuvo en la Facultad de Clásicas de Salamanca, una tal Alicia Rubio. Pues bien, en youtube pueden ver lo que esta Sra. cuenta sobre las cosas que están pasando en los centros públicos de enseñanza. Ya digo, más allá de los límites de la imaginación. Ejércitos de sinvergüenzas enseñando a los niños de cinco años a masturbarse y cosas así. Y para esto es para lo que los Estados se han estado endeudando con el beneplácito de los Bancos Centrales. Levantasen la cabeza Petronio, Apuleyo, Luciano, Juvenal y demás y espantaranse de hasta qué punto eran pacatos por comparación a lo de ahora. Ellos que creían que lo habían visto todo. 

En fin, hoy sigue la dégringolade: un 10%. Vendría muy bien que el virus se nos llevase por delante a unos cuantos cientos de miles de viejos.  

miércoles, 11 de marzo de 2020

Les habla el Presidente



Ministerio de Sanidad. Datos actualizados a las 22:18 hora peninsular del 10 de marzo de 2020.

La Comunidad de Madrid acumula 782 positivos y 21 muertes, después de duplicar el caso de contagios en tan solo un díaUna mujer de 99 años con patologías previas murió el 3 de marzo en el Hospital Gregorio Marañón. Dos días después, un hombre de 76 años falleció en el Hospital Infanta Elena de Valdemoro tras ser diagnosticado en su centro de día, donde ya hay otros 19 casos detectados. El 6 de marzo, la Comunidad informaba de la muerte de otro hombre de 91 años en el Hospital Gregorio Marañón y la de un hombre de 83 años en el Hospital Severo Ochoa Leganés. El 7 de marzo murió un hombre de 91 años en Vallecas. Un día después, fallecieron un hombre de 73 años, uno de 88 años y otro de 77 años, uno de los primeros casos no importados.

Así se escribe la historia. Comunidad de Madrid: 6.660.000 habitantes. 782 positivos, que no enfermos. 0.0117%. Respecto a las muertes, lean ese párrafo que les he transcrito y saquen sus propias conclusiones. Muy bueno lo de la mujer de 99 años con patologías previas. Y suma y sigue. Y, mientras tanto, cuando daba esta mañana mi habitual paseo veía al pasar delante de los bares que en todos había una gran pantalla desde la que un Presidente guapísimo y en la flor de la edad estaba dirigiéndose al respetable para tranquilizarle, supongo. Ya saben: no se preocupen que están en las mejores manos. 


martes, 10 de marzo de 2020

¡Ojos que no ven...!

Si buscan una lectura apropiada a los tiempos que corren les recomiendo El Decamerón. Y ya puestos, también les recomiendo que imiten a sus protagonistas, así que cojan, agarren, y lárgense al campo a esperar que pase la mala racha. ¡Ah! Y acuérdense de no llevar móviles ni tablets ni nada de nada que les pueda servir para enterarse de lo que pasa más allá de lo que alcanza su vista y oído. Ya saben que ¡ojos que no ven...! 

Pues bien, por si lo ignoran les diré que El Decamerón es la consecuencia de una epidemia de peste bubónica. Que a su vez es más que probable que fuese la consecuencia de una crisis financiera de proporciones homéricas. Porque el caso fue que los ricos comerciantes de Florencia pensaron que todavía se podían hacer más ricos prestando su dinero a altos intereses a los reyes de Inglaterra y Sicilia que, por lo visto, eran muy aficionados a montar guerras para perderlas. Conclusión, el dinero prestado se fue por el retrete y los citados reyes se llamaron Andana. En Florencia se quedaron sin un duro y, lo que pasa en tales casos, que la gente empieza a vivir fatal, a pasar hambre y todas esas cosas. Total, que al perro flaco todo se le vuelve pulgas. Así que los florentinos se quedaron sin defensas para cualquier miasma que les llegase de allende los mares. Y como siempre están llegando... 


Claro, toda comparación, aparte de odiosa, suele ser exagerada. Hoy día tenemos encima una epidemia, pero lean las primeras páginas de El Decamerón y comprobarán que lo de ahora es cosa de niños. La crisis financiera en curso, igual. Sin embargo, ahora tenemos algo que hace que la comparación parezca pertinente, y eso es la capacidad de magnificación de la realidad que tiene el mundo mediático. Es evidente que si los medios no homerizan la realidad no venden un peine. Por otra parte, como los medios viven en pecaminosa connivencia con los políticos y a estos les interesa que la gente se asuste para que no se fije en los latrocinios que cometen, pues, entonces, miel sobre hojuelas, le damos al apocalipsis now y, así, a la vez que se venden más periódicos los políticos pueden seguir robando sin que nadie les moleste. 


Por lo demás, ayer me llegué a Salamanca para pasar unas horas con Santi que anda por allí dando un curso sobre los intríngulis del japonés. A la benignidad del clima, se le añadió una ciudad libre de mesnadas turísticas. Daba gusto pasear por las calles como si fuese cuando lo de Las Nueve Cartas a Berta. Subir por la calle de La Compañía, bajar por Tentenecio, cruzar el río por el punte romano, extasiarse ante el panorama, subir después por la Peña Celestina... bueno, ya digo, no había turistas. Solo estudiantes. Y luego, Santi, que siempre te enseña aspectos desconocidos de las tripas de la ciudad. Claustros renacentistas en los que se enseñan lenguas de todo tiempo y lugar. Palacios decimonónicos convertidos en centros  de estudios orientales. Salamanca, se diría, está redorando sus blasones.  

domingo, 8 de marzo de 2020

¡A su edad y todavía con eso!

Decíamos ayer que el trabajo de la policía, como el de los médicos, siempre estará condicionado por su inevitable relación con el lado oscuro de la vida. Uno ve esas películas, o lee esas novelas, sobre el delito y si bien siente alivio cuando el delincuente es descubierto y puesto a buen recaudo no por ello se deja de tener la sensación de que, en el fondo de todo, lo que hay es un fracaso de la naturaleza tal y como nos la enseñan las sagradas escrituras al uso. Porque esa es la cuestión inapelable, que las sagradas escrituras en curso son un compendio de mentiras piadosas, whisfull thinking, o como le quieran llamar a interpretar la realidad de una forma que nos permita manejarla cuando se desvía de lo que nos conviene. 

Bien es verdad que a medida que la historia avanza los seres humanos se van civilizando, es decir, van creando los mecanismos sociales que permiten a los más débiles sobrevivir ante los caprichos de los más fuertes. El Estado, en principio, no tendría otra razón de ser. Pero no hagamos como ese señor que hace un rato se me acercó en la calle para darme un folleto en el que se explicaba como acabar con todos los sufrimientos del mundo. ¡A su edad y todavía con eso!, le he respondido. Y se ha ido pegando gritos para que todo el mundo le oyera. El Estado, en el mejor de los casos, no es más que un leve paliativo a efectos de corregir las sangrantes desigualdades en las que natura parece recrearse... porque, de no ser así, ¿qué otra explicación podríamos encontrar a tamañas diferencias de origen entre los humanos? 

"Conceit in weakest bodies strongest work", dice Hamlet. Bueno, en realidad Hamlet a quien más se parece es a Sancho Panza: uno y otro no pueden parar de soltar refranes. En fin, a lo que vamos, que, ateniéndonos a lo que afirma Hamlet,  si natura te proporciona un cuerpo de mierda te lo compensa con un orgullo, o presunción, o vanidad, que se sale de madre. El primer cuento del Decamerón también va de eso: un mierdilla que no puede evitar ser más malo que el demonio. Y uno lo comprende, porque la maldad es una buena herramienta para competir cuando se nace con pocas gracias y, encima, le tiran a un contenedor nada más nacer. 

Ese es el punto y la madre de todos los desencuentros: la tremenda arbitrariedad de natura. Porque no hablemos ya de weakest bodies, mejor consideremos los weakest thinkings. O es que acaso hay mayor desgracia para alguien que un cerebro que renquea. No poder comprender la radical complejidad de lo que nos rodea y querer atravesarlo tirando por la calle del medio. Y esa es la razón de tanta delincuencia, querer conseguir con la fuerza lo que no se puede con el entendimiento. Hubiese dotado natura a todos por igual y acabáranse los líos. Los musculoso levantarían las piedras y los cerebritos les dirían en donde depositarlas. Y todos contentos porque, entonces, sí, nadie sería más que nadie... como quieren conseguir los socialistas con sus leyes de comedia de enredo. 

En fin, contradicciones tiene la vida a las que no se encuentra enmienda. Podremos lamentarnos de la baja calidad humana con la que natura, por su puro querer, dotó a los delincuentes, pero ello, por nuestra propia supervivencia, no nos impide agarrarlos si podemos para colocarlos a buen recaudo o, incluso, como sostenía Tácito, mandarles al otro barrio, solución ésta que, según él, la experiencia tenía de sobra demostrado ser mucho más efectiva que la compasión y misericordia.

jueves, 5 de marzo de 2020

Subgéneros

De todos los subgéneros de la novela o el cine quizá no haya otro tan prolífico como el policíaco. Y no por nada sino por algo tan elemental como las leyes del mercado. Tiene tanta demanda que es inevitable que se genere la correspondiente oferta. Por eso es que en la actualidad haya un canal de televisión de nombre Energy dedicado en exclusiva a meter pequeños retazos de historietas de ese subgénero entre descomunales bloques de publicidad. Por así decirlo, esa publicidad incita desesperadamente a la corrupción de los espíritus y, después, como si fuese una expiación, viene la historieta horripilante en la que los buenos al final se salvan por los pelos. Es algo absolutamente infantiloide y, sin embargo, engancha. Supongo que las pseudociencias del espíritu habrán hecho correr ríos de tinta sobre este curioso fenómeno, sobre el porqué de tanta afición a sufrir estrés por delegación. 

Sea como sea y por lo que sea, el caso es que siempre le he dedicado una atención casi enfermiza a este subgénero. Quizá por las concomitancias que tiene con mi profesión de origen. No hay que olvidar que Conan Doyle era médico y que su personaje Sherlock Holmes es el fundador de la ciencia policial moderna precisamente por trasladar a ésta los métodos empleados en la medicina moderna para diagnosticar las enfermedades: una vez descartado por la evidencia lo imposible, lo probable, por poco que lo sea, tiene que ser la respuesta. El laboratorio es, así, el centro no sólo de la medicina sino también de la práctica policial.

Pues sí, en esas series de Energy, por lo general, es el laboratorio el que en buena medida suple a la antigua intuición que, recuerden, era la madre de todos los éxitos. A Marlowe le bastaba para descubrir a los malos seguir su instinto de resentido social: los ricos, por definición, tenían que ser corruptos. Con eso, soportar unas cuantas palizas, beber unos gimlets y dejarse engañar por una rubia peligrosa, ya teníamos a toda la progresía mundial babeando de placer toda la noche como en una canción de La Trinca.

No quiero decir con esto que la intuición y el método deductivo haya desaparecido del oficio, pero no nos engañemos, entre las informaciones vía compañías de telecomunicación más las aportadas por la ciencia forense lo que le queda al polí en la mayoría de los casos es arriesgar el pellejo cuando va a detener al malo. Es un poco aburrido, la verdad, lo mismo que la actual medicina que con una gota de sangre y un escaner ya se tiene toda la información precisa para pasarla por el ordenador y obtener diagnostico y tratamiento. ¡Adiós romanticismo!

Sin embargo, observando con atención las series de Energy podemos ver que las cosas no son tan sencillas. Hay una de ellas, llamada Blue Blood, que pone al descubierto los intríngulis, por así decirlo filosóficos, de la acción policial. Se trata de una familia de policías. Con todas las escalas jerárquicas del oficio. Y los domingos se reúnen todos alrededor de una mesa, en principio para comer, pero la realidad es que lo hacen para debatir sobre las cuestiones éticas y morales que la práctica policial presenta. Y es que la relación con el lado oscuro de la vida se presta mucho a tirar por la calle del medio y, a los delincuentes, como que apetece fusilarlos que diría un revolucionario  portugués de cuando los claveles. Y ahí está el punto, que la policía está para garantizar que nadie se impone sobre nadie, incluidas las víctimas del delincuente sobre el delincuente. Parafraseando a Nietzsche, la señal más evidente de que una sociedad se siente segura de sí misma es que protege a los delincuentes de sus víctimas. Así, sí alguien no se puede saltar la ley, ese es el policía. Y eso con el agravante de la presión psicológica que políticos y periodistas ejercen sobre las masas con el fin de atraerse su beneplácito. Ya se sabe,  la policía nunca cumple con la ley al gusto, o las necesidades, de los demagogos: o queman al santo o no le alumbram. El equilibrio, como podemos observar en las conversaciones de las comidas de los Reagan, los protagonistas de Blue Blood, para que nos entendamos, es prácticamente imposible debido fundamentalmente a la decadencia del sistema político en vigor.

En fin, la policía, pieza clave donde las haya del sistema. Sin ella, los débiles no sobreviviríamos ni cuatro días. Aunque, paradojas de la vida, son los más débiles los que más tendencia tienen a organizarse en mafias para sobrevivir. Y las mafias no son más que Estados dentro del Estado que aseguran su preponderancia matando, o corrompiendo policías. Son las leyes de la naturaleza en estado puro. O, mejor si quieren, la eterna dialéctica entre los lados claro y oscuro de la vida. 

Por lo demás, todas esas series de Energy tienen sin duda una segunda intención: deslumbrar a los espectadores con los paisajes en los que se desarrolla la acción. Estoy seguro de que no hay un solo tonto del culo que las vea que no esté pensando en estos momentos acercarse a Honolulu, Las Vegas, Maimi, Los Angeles, New York... para ver todo aquello de cerca y darse cuenta de que no es tan bonito como le habían hecho creer.     

lunes, 2 de marzo de 2020

Melmot

De entre las novelas que leí en aquellos maravillosos años hay una que me dejó, como se suele decir, una huella indeleble. Se trata de Melmot el Errabundo, de un autor irlandés llamado Charles Maturin. Es una historia de esas que llaman, no sé por qué, gótica, cuando sería mucho más apropiado calificarla de terrorífica. La cosa va por lo fáustico, es decir, de pacto con el diablo, pero con una variable inesperadamente perversa: el tiempo en vez de ir encogiéndose en la medida que se satisfacen los deseos,  como en las versiones clásicas de Fausto, se dilata, nunca se termina, o sea, que hace al personaje eterno. 


Esta es una cuestión que nunca solemos plantearnos los humanos que estamos en nuestros cabales, la de ser eternos. Parece, así, a primera vista, que todo lo que vive, incluidos los humanos, está programado para agarrarse a la vida como las ladillas al vello púbico. Bueno, pienso que eso no es así, por lo menos en las especies o, para ser más preciso, la especie que tiene conciencia del paso del tiempo, la humana. Los humanos, juraría, a medida que van acumulando experiencia y conocimiento van perdiendo interés, más que nada porque van cayendo en la cuenta de que la vida, como no se cansa de repetir el Profesor García Maestro, está muy sobrevalorada. Llega un momento en que los esfuerzos que hay que dedicar al mantenimiento dejan de merecer la pena. Es como un coche viejo que día sí y al otro también tiene que pasar por el garaje para seguir malfuncionando... para llegar hasta la panadería o poco más.


Pero en el caso de Melmot la cuestión no es el deterioro de la maquinaria, es el hastío de la repetición. Todo para él es previsible, o sea, es la imposibilidad de la sorpresa, de la emoción, de la nueva experiencia: su corazón late, pero sabe que está muerto. Por eso es  que quiera acabar de una vez, pero el demonio no le deja so pena de que consiga traspasar el contrato que con él tiene firmado a otra persona. Y así es como Melmot vuelve a vivir, convertido en un monstruo que somete a sus víctimas a los más horribles tormentos con la finalidad de convencerles de que si aceptan el traspaso de su contrato con el demonio quedarán liberados. Pero, ni por esas, nadie acepta porque todos ven la trampa que encierra la propuesta.  Porque saben que la única forma de acabar con todos los sufrimientos de la vida es con la muerte. Y por eso es que Melmot todavía ande por ahí vagando a la búsqueda de alguna alma cándida a la que aterrorizar. 


No sé, pero todo esto me da para mucho pensar. Quizá todos, en alguna medida, tenemos firmado ese tipo de contratos. Funcionó mientras funcionó y de pronto, quizá por caída de la producción de las hormonas esenciales, empezamos a sentir el peso de la trampa en que toda bicoca se convierte. A causa de la estulticia inherente a los años sobrehormonados damos en pensar que nuestra momentánea potencia está ahí para quedarse y todo es ji, ji, ja,ja, olvidándonos de paso de lo que nos hace humanos: la capacidad de prever. Y así es que a la primera pérdida de pie comenzamos a gritar desesperados: ¡dónde hay que firmar! Lo demás por añadidura.   



domingo, 1 de marzo de 2020

El hombre ideal

“Elegiré  amigos entre los hombres, pero no esclavos ni amos. Elegiré sólo a los que me plazcan, y a ellos amaré y respetaré, pero no obedeceré ni daré órdenes. Y uniremos nuestras manos cuando queramos, o andaremos solos cuando lo deseemos.”


Cuando era joven, quizá por los veinte o así, leí El Manantial de Ayn Rand. Solo recuerdo de tal lectura que fue muy trabajosa y que la terminé porque siempre he sido muy cabezón, pero, por lo demás, puedo asegurar sin la menor sombra de duda que aquel esfuerzo, si no todo, en su inmensa mayoría cayó en saco roto. No puedo saber en qué medida las ideas de esa obra infiltraron mi subconsciente, por decir algo, pero lo que es la conciencia de ellas, nada de nada. Ya lo dice el Profesor García Maestro, que para leer, es imprescindible saber. O sea, pasar de lector a transductor, o interprete. Por eso es que de niño es mejor leer Guillermo y los Proscritos, porque con las experiencias de un niño se puede transducir. Pero leer a los veinte El Manantial...

Bueno, supongo que habrá gente que lee a los veinte El Manatial y extrae de él un vagón de sustancia. Para empezar, no todos los lectores a esa edad tienen la misma formación, las mismas experiencias vividas y, sobre todo, el mismo coeficiente intelectual, cualquier cosa que eso sea. Y eso por no hablar del medio ambiente en el que se desarrolla, o sea, las ideas que ha ido adquiriendo en las diversas catequesis a las que ha tenido acceso. ¡Imagínense a las que tuve yo en aquellos años de la copla y el cuplé! En fín, peor pudiera haber sido caso de haber ganado la guerra los buenos. 

Coñas aparte, ayer, un día intratable por lo ventoso, pasé la jornada en casa viendo vídeos en YouTube relativos a las opiniones y andanzas de Ayn Rand. La verdad es que, de vez en cuando, para desengrasar, me entretenía intentando resolver un problema de geometría o álgebra de los de  Academia Internet, Mind Your Decisions, Julioprofe o cualquiera de los otros mil portales dedicados a alegrarnos la vida a los que no estamos dotados para los deportes al aire libre. Sea como sea, el caso es que venía de un tiempo a esta parte oyendo citar con insistencia a Ayn Rand en esas conferencias que tienen colgadas en la red los adeptos a la Escuela Austriaca de Economía. El Manantial y La Rebelión de Atlas, las dos obras más significativas de la autora, son para los de esa escuela un compendio literario de toda su filosofía.  

Pues bien, como comprenderán una cosa que le lleva mil páginas a la autora no se puede resumir en unas líneas. Tampoco en cualquiera de esas conferencias o entrevistas que hay colgadas en la red. Pero, para que se hagan una somera idea les apuntaré tres o cuatro perlas de las de matar del susto a los puros de corazón. Para empezar dice que su hombre ideal es el productivo o, mejor si quieren, el egoísta inteligente. ¡Vaya por Dios, egoísta, ya la tenemos montada! Sin embargo, al calificarle de inteligente ya se empiezan a tambalear las concepciones morales al uso. Mirar fundamentalmente por lo de uno, pero sabiendo que yo no puedo imponer nada a nadie, limita mucho, por no decir todo, los caprichos inherentes al egoísmo infantiloide. Porque esa es la idea nuclear del pensamiento randianao, que nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a imponer a otros absolutamente nada. Y aquí, a la cabeza de los que no tienen derecho, sitúa al Estado. El Estado que con sus milongas redistributivas roba al hombre productivo y crea al indigente, su justificación. Bien que sabemos de esto los que vivimos en estos conocidos eufemísticamente como "estados del bienestar". ¡Ya te digo! Bienestar material para los que gestionan el latrocinio y miseria moral para todos. 

Ya lo dice ella, que éstas son ideas para el siglo que viene. Y ya va para un siglo que las expuso y no sé yo si todavía no estaremos lejos de poder digerirlas. El predominio de la razón sobre los sentimientos, el leitmotiv de toda su obra, se me antoja que sigue siendo una utopía inalcanzable. Ahí siguen las legiones de clérigos de toda laya encaramados en sus púlpitos clamando por la empatía como clave de bóveda de la ciudad de dios. El hombre productivo es el enemigo a batir. El redistribuidor, el rey del mambo. Y no hay muchos visos de que esto vaya a cambiar por las buenas. Y eso por mucho que los adalides de la escuela austriaca de economía se prodiguen por doquier. Así que, personalmente soy de los que piensan que estas cosas solo las puede solventar Paco cuando viene con la rebaja.