No hay mal que por peor no venga. Y es que está esa parte de la condición humana que le importa una mierda el porqué de las cosas con tal de que me beneficie. Por poner un ejemplo, imagínense que el avión en el que va un hijo suyo se estrella y a usted le cae una indemnización millonaria. Entonces, va usted y cumple uno de los sueños de su vida: una casa con jardín y piscina en un barrio chic. Y ahí está usted bañándose y tomando el sol todos los días sin acordarse para nada de su hijo. ¿O sí? Pero, bueno, uno en cualquier caso se sobrepone y a vivir que son dos días. O, mejor si quieren: el muerto al hoyo y el vivo al bollo.
El caso es que se da el caso de que en estos tiempos que corren prolifera por doquier una profesión que recuerda mucho a la insufrible peste de los psicólogos que venimos padeciendo de hace unas cuantas décadas para acá. Gente, en definitiva, que a falta de capacidades cognitivas para desarrollar profesiones que requieren del pensamiento abstracto, buscan su modus vivendi en el ejercicio de la picareca: venden autoayuda. O crecepelos, si mejor les parece. Pues bien, estos que les digo de ahora, son los asesores financieros, unos tipos que a juzgar por lo que presumen saber de finanzas es prácticamente imposible que no estén forrados. Y, sin embargo, tienen la humildad de gastar un montón de su precioso tiempo en asesorarnos para que también nosotros nos forremos. ¡Enternecedor!
Y así es que si cogen, agarran, y le dan al YouTube aparecerán como por ensalmo, y sin haber sido solicitado, mil o dos mil vídeos de asesores financieros que te instan a aprovechar este momento trágico por el que estamos pasando para sacar jugosos beneficios. "Las grandes fortunas se hicieron en las grandes crisis", repiten como si fuera un mantra. El caso es saber cuales de entre los despojos que ha dejado la batalla merece la pena comprar. Y eso es precisamente lo que te dicen desinteresadamente todos esos gurús de las finanzas sobrevenidos de la noche a la mañana. ¡Oye, el mundo es ansí! Para que el ecosistema se mantenga son imprescindibles las especies carroñeras. Claro, no nos podemos engañar, porque esas especies se multiplican exponencialmente después de la batalla y cuando las aguas vuelven a su cauce no encuentran el fácil alimento que las multiplicó... ergo, se tienen que tirar sobre todo lo que se mueve. En definitiva, que una especie dañina sobrevuela la ciudad.
La verdad, si estos gobernantes socialdemócratas son tan buenos como presumen ser, no me explico el porqué de que en llegando estos momentos dramáticos no toman como primera medida preventiva de futuros males el cierre de los mercados financieros. Aunque lo de futuros males... quizá sea todo lo contrario y por eso no los cierran. Al fin y al cabo, dicen los que saben, que el que el dinero se concentre en pocas manos es bueno para volver a empezar.
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