Perdonen que insista: el lunes llamé a la consulta de una de las dermatólogas de la mutua de la que soy socio y me dio hora para hoy. Si hubiese ido a mi médico de la seguridad social hubiese acabado el año y todavía estaría esperando a ser recibido. Bien, pues esa es, en resumen, la explicación de todo esto que está pasando con el coronavirus. La asistencia sanitaria, igual que cualquier otra cosa, no funciona en régimen de monopolio. Mejor que no funcionar, si quieren, digamos que no es eficiente, dado lo cual, si se somete a una situación de stres, colapsa.
Sí quieren entender esto que les estoy diciendo no tienen más que ir a youtube y ver unos cuantos vídeos sobre la escuela de economía austriaca. Lo siento por los románticos, pero la aventura socialdemócrata es exactamente el mismo fraude que el de los gobiernos comunistas que colapsaron a principios de los noventa después de haber dejado un cúmulo incalculable de sufrimientos y degradación moral. Es lo que tiene no confiar en la gente y obligarla por la fuerza a someterse a los designios de una cúpula mafiosa.
Lo ví claro el otro día escuchando a Boris Johnson: no es que el coronavirus produzca un número exagerado de pacientes, es, sencillamente, que el sistema público de salud, en condiciones sanitarias de normalidad, está siempre al límite de sus capacidades. Y dado que poner negocios para competir con un monopolio estatal es por lo general poco rentable, el capital privado se abstiene de invertir en el sector sanitario. Y por eso estamos como estamos y lo que te rondaré hasta que no consigamos por el procedimiento que sea necesario desmontar los diversos monopolios estatales y dejemos que la gente del común se organice a su manera para suministrarse los servicios básicos.
Sí, señoras y señores, ese es el punto y la madre de todos los problemas; el estado socialdemócrata. O, para decirlo de forma que todos entiendan: una organización política que no confía en las personas y por eso dedica todos sus esfuerzos a tenerlas sometidas. No es ni más ni menos que el mugriento rollo de las vanguardias del proletariado que vivían como dios mientras los proletarios de base a obedecer y callar por una dosis de soma al día. El famoso soma del no menos famoso Mundo Feliz. En fin, espero que todo esto que está pasando sirva de lección y, en adelante, cada vez mayor número de personas se apunten a las mutuas sanitarias hasta que consigamos anular el maldito monopolio estatal con su ejercito de parásitos... porque esa es la cuestión, que detrás de un monopolio lo que realmente hay es un ejército de parásitos que nos están chupando la sangre.
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