lunes, 30 de marzo de 2020

Determinadas circunstancias

Por lo visto un vecino de esta comunidad, por lo que fuere, al tercer día de confinamiento, subió al último piso, un noveno, y se arrojó por la ventana del cuarto de juntas. Era un hombre mayor, como casi todos los que por aquí habitan. En fin, son cosas que pasan, pero no cabe duda de que determinadas circunstancias agravan las pulsiones suicidas que todos llevamos dentro, las reconozcamos o no. 

Y ahí está el punto y la madre de todos nuestros quebraderos de cabeza, en dilucidar cuáles son esas determinadas circunstancias, en qué consisten, que repercusiones pueden tener en nuestro cotidiano devenir. Y aquí es donde debemos tener en cuenta lo que dijo el clásico, que donde no hay conocimiento, el hábito califica olvidando que debajo de mala capa suele haber buen vividor. Sí, convendría saber en este caso qué hay debajo de la  mala capa del coronavirus porque, así, a primera vista, y pese a quien pese, la epidemia, o pandemia, o como quieran llamarla, no parece ser cosa de gran alcance por sí misma. ¿Alguien se ha preguntado cuántos viejos murieron en España el año pasado, o el antepasado, en el mismo periodo en el que este año han muerto 6000? ¿Y cuántos trabajadores sanitarios estaban de baja por gripes o parecidos el año pasado por estas fechas? Tengan en cuenta que si solo en Cantabria, de soltera Santander, para medio millón de habitantes hay alrededor de 25000 sanitarios en el sector publico, multipliquen por 94, que son los medios millones que hay en España, y les dará la friolera de 2350000 trabajadores sanitarios. Bueno, quizá es que en "de soltera Santander" estén un poco pasados de vueltas al respecto y no sea correcto extrapolar sus cifras, pero estoy seguro de que de millón y medio no bajan. Y total hay diez u once mil de baja por el virus. Como cualquier año más o menos, me apostaría el cuello. 

Para mí que las determinadas circunstancias que nos tienen tan de los nervios y que han obligado al Estado a ponernos en cuarentena en previsión de mayores males, nada tienen que ver con el coronavirus y sí con otras cuestiones que desconozco, pero que por meras razones de supervivencia tiendo a sospechar. Y no me acusen de conspiranóico porque no cuela. Soy médico y sé cuales son las consecuencias de tratar las enfermedades con la droga maravillosa, la cortisona. Rara es la enfermedad cuyos síntomas no desaparecen a los cuatro días de tomarla, pero ¿qué está pasando por dentro del organismo si se insiste en su suministro a dosis más que considerables? Se desbarata todo: te hinchas, se te rompen los huesos... en definitiva, el remedio es bueno para salir de un mal paso, pero para curar la enfermedad hay que buscar otras soluciones que vayan más al fondo del asunto. 

Pues bien, hace años que los bancos centrales no hacen otra cosa que suministrar cortisona en forma de préstamos a interés cero a los gobiernos y economía en general. Han convertido el ahorro en un sacrilegio. Usted, te dicen sin parar, lo que tiene que hacer es consumir. Consumir y consumir y consumir. Ergo: placer, placer, placer. Cocaína, cocaína, cocaína. Y así es que ya en medio mundo gobiernan los carteles de la droga. De chiste, sí, pero las cifras cantan: por mucho que consumamos, el número de personas sin más objetivo en la vida que el de pasear el perro no cesa de aumentar. Según las cifras más optimistas, de aquí a diez años los paseadores de perros habrán llegado a los tres mil millones. 

No sé, solo son pinceladas, pero que el mundo está muy desajustado por la cantidad de gente que no tiene nada que hacer, es una evidencia incontestable. Y eso, sin duda, tiene muy nerviosos a los gobernantes. Así que la llegada, o invención, de cualquier coronavirus les da una tregua impagable. En fin, ustedes mismos.   

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