Decíamos ayer que el trabajo de la policía, como el de los médicos, siempre estará condicionado por su inevitable relación con el lado oscuro de la vida. Uno ve esas películas, o lee esas novelas, sobre el delito y si bien siente alivio cuando el delincuente es descubierto y puesto a buen recaudo no por ello se deja de tener la sensación de que, en el fondo de todo, lo que hay es un fracaso de la naturaleza tal y como nos la enseñan las sagradas escrituras al uso. Porque esa es la cuestión inapelable, que las sagradas escrituras en curso son un compendio de mentiras piadosas, whisfull thinking, o como le quieran llamar a interpretar la realidad de una forma que nos permita manejarla cuando se desvía de lo que nos conviene.
Bien es verdad que a medida que la historia avanza los seres humanos se van civilizando, es decir, van creando los mecanismos sociales que permiten a los más débiles sobrevivir ante los caprichos de los más fuertes. El Estado, en principio, no tendría otra razón de ser. Pero no hagamos como ese señor que hace un rato se me acercó en la calle para darme un folleto en el que se explicaba como acabar con todos los sufrimientos del mundo. ¡A su edad y todavía con eso!, le he respondido. Y se ha ido pegando gritos para que todo el mundo le oyera. El Estado, en el mejor de los casos, no es más que un leve paliativo a efectos de corregir las sangrantes desigualdades en las que natura parece recrearse... porque, de no ser así, ¿qué otra explicación podríamos encontrar a tamañas diferencias de origen entre los humanos?
"Conceit in weakest bodies strongest work", dice Hamlet. Bueno, en realidad Hamlet a quien más se parece es a Sancho Panza: uno y otro no pueden parar de soltar refranes. En fin, a lo que vamos, que, ateniéndonos a lo que afirma Hamlet, si natura te proporciona un cuerpo de mierda te lo compensa con un orgullo, o presunción, o vanidad, que se sale de madre. El primer cuento del Decamerón también va de eso: un mierdilla que no puede evitar ser más malo que el demonio. Y uno lo comprende, porque la maldad es una buena herramienta para competir cuando se nace con pocas gracias y, encima, le tiran a un contenedor nada más nacer.
Ese es el punto y la madre de todos los desencuentros: la tremenda arbitrariedad de natura. Porque no hablemos ya de weakest bodies, mejor consideremos los weakest thinkings. O es que acaso hay mayor desgracia para alguien que un cerebro que renquea. No poder comprender la radical complejidad de lo que nos rodea y querer atravesarlo tirando por la calle del medio. Y esa es la razón de tanta delincuencia, querer conseguir con la fuerza lo que no se puede con el entendimiento. Hubiese dotado natura a todos por igual y acabáranse los líos. Los musculoso levantarían las piedras y los cerebritos les dirían en donde depositarlas. Y todos contentos porque, entonces, sí, nadie sería más que nadie... como quieren conseguir los socialistas con sus leyes de comedia de enredo.
En fin, contradicciones tiene la vida a las que no se encuentra enmienda. Podremos lamentarnos de la baja calidad humana con la que natura, por su puro querer, dotó a los delincuentes, pero ello, por nuestra propia supervivencia, no nos impide agarrarlos si podemos para colocarlos a buen recaudo o, incluso, como sostenía Tácito, mandarles al otro barrio, solución ésta que, según él, la experiencia tenía de sobra demostrado ser mucho más efectiva que la compasión y misericordia.
En fin, contradicciones tiene la vida a las que no se encuentra enmienda. Podremos lamentarnos de la baja calidad humana con la que natura, por su puro querer, dotó a los delincuentes, pero ello, por nuestra propia supervivencia, no nos impide agarrarlos si podemos para colocarlos a buen recaudo o, incluso, como sostenía Tácito, mandarles al otro barrio, solución ésta que, según él, la experiencia tenía de sobra demostrado ser mucho más efectiva que la compasión y misericordia.
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