jueves, 19 de agosto de 2021

Anis del Mono

 El Papa argentino ha dicho que nos vacunemos por amor. O sea, lo más de lo más. Claro que de un Papa argentino qué menos habíamos de esperar. Ya se sabe, la Iglesia siempre a la vanguardia de la ciencia. Y, por supuesto, de la moral... menos, bien entendido, cuando hay niños por medio. Y, hablando de niños, el parlamento filandés ha dictaminado que con diez años ya está bien para lo del fornicio si es que la cultura del lugar así lo establece. Aunque para cultura del lugar nada  como lo de Talibania que todo ha sido hacerse con el poder sus señores naturales y desaparecer del panorama el bicho de los cojones. Han cogido, agarrado una maza y se han puesto frenéticos a destruir todas las televisiones que había en el país. Tres días han pasado y ya no queda ni una ni, por supuesto, se ha dado un nuevo contagio de la cosa. Y en el entretanto, ese hijo de papá que gobierna a los canadienses ha dicho que, claro, que no es que el quiera castigar a los que no pasan por el aro de la vacunación, pero ¿qué otra opción le dejan? Porque esto de que los no vacunados son los que contagian es como lo del Anís del Mono: Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento. Y así rueda la bola, que es que en Francia no se había visto cosa parecida desde lo de Dreyfus, que los padres se enfrentan con los hijos, los maridos con sus esposas... los pro y los antivaccine  ya se llegan a las manos y el emperador Maricrón encantado de la vida con su vieja del alma que es que no la suelta ni para cagar. En fin, cosas de la vida, que no todo va a ser coser y cantar como las modistillas de Sansebastián a las que supongo, a día de hoy, debidamente vacunadas y revacunadas. ¡Pues menuda somos las modistillas! Todas con el Papa. Por amor o lo que sea. Que no las importa un pito que se les altere la regla, que ellas con su pareja de perritos ya se sienten de sobra realizadas y lo siguiente. 

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