Ayer, regresando ya de nuestro periplo bicicletero, vimos que en Punta Parayas había una concentración de coches fuera de lo normal. Seguimos avanzando y nos percatamos de la causa: había regatas. Eran traineras de cuatro remeros y patrón. Y lo más curioso de todo es en casi todas las traineras el patrón era patrona. Cosas de los tiempos que corren, pensé. Claro que la cosa tiene sus perendengues, porque esos chavalones con el remo en la mano, como dice la canción, y aquellas tetas y aquel culo delante... no sé, pero para mí que la cosa tiene que tener poco que ver con lo que hasta ahora habían sido las regatas. O la competición deportiva en general. Lo bueno del caso es que este tipo de cosas se consideran conquistas, o victorias, dentro de una lucha sin cuartel para conseguir la igualdad de los géneros. Pues que con su pan se lo coman, pero yo no me lo creo. La igualdad de los géneros, o sea, tratando de enmendarle la plana a la naturaleza. Según me han dicho, hasta han creado un ministerio para conseguir tal proeza. Más o menos como los ministerios de sanidad, educación, economía y otros cuantos más con los que, por lo visto, se consigue que vivamos en el mejor de los mundos posibles... sobre todo los que consiguen puestos en ellos, que ganan una pasta sin pegar clavo y, sobre todo, sin tener que dar cuentas a nadie.
Sí, lo siento muchísimo, pero ni por mientes, pienso, se les va a ir de la cabeza a esos remeros el objeto sexual que tienen delante. Porque si la mujer, así, a secas, ya lo es en sumo grado, cuando ostenta mando en plaza es el delirio. Y no te digo ya cuando empuña el objeto que simboliza su poder. El remo en este caso. En fin, levantase la cabeza Freud y viese todas estas cosas de las que intentan convencernos y diría que qué a tiempo se fue. Porque es que nadie había hasta ahora podido concebir semejantes delirios.
Por lo demás, si bien lo pensamos, ¿qué otra cosa podríamos haber esperado de un mundo que lleva ya ciento y pico años negando el orden espontáneo? Hay millones de parásitos viviendo de tratar de enmendar la plana a la naturaleza. Que no otra es la causa de esta sensación que nos señorea a tantos de estar al borde del abismo. Sí, es evidente que el problema son los parásitos. Por cierto que si quieren saber de lo que hablo cuando digo parásitos, vayan a google y pongan: discursos de Reagan. Pienso que en todo el siglo pasado no hubo orador que le llegase a la suela de los zapatos. Pero, en fin, lo mismo que ahora con lo del bicho, a la chusma le consiguieron convencer de que Reagan era subnormal. Y es que los parásitos tienen una sorprendente capacidad para colonizar las mentes de la chusma. En fin, ¡que tiempos estos que corren!
No hay comentarios:
Publicar un comentario