Si yo fuese Macron no las tendría todas conmigo. Supongo que ya habrá visto a sus policías corriendo delante de los manifestantes. Seguramente no hay síntoma más patognomónico, o sea, inequívoco, de que la partida está perdida. Pero no esta partida que le dicen del covid, que es pura pantomima full, no, la que está perdida es la de Europa. Sí, señoras y señores, una vez más la Gran Bretaña tomó la delantera. Y todas las negras premoniciones con las que se intentaba disuadirnos de que siguiésemos sus pasos se ha demostrado ser bullshit, que es como los ingleses llaman a la manipulación mediática. A día de hoy, por comparación a los países de la que se conoce como Comunidad Europea, Inglaterra va de cine. Se fueron de la comunidad, retiraron todas las medidas anticovid y, sobre todo, permiten que la gente monte una empresa en tres horas, que no en vano la Sra. Thatcher fue gran admiradora, e incluso amiga, de Hayek.
Sí, me parece que vamos a ver cosas maravillosas de aquí a la vuelta de la esquina. Porque ya es imposible sostener por más tiempo la pantomima de la ingeniería social. Así que, mis queridos conciudadanos, siéntense ya a la puerta de su casa porque muy pronto va a pasar el cadáver de su enemigo... ese famoso estado social y democrático de derecho que le dicen, o sea, todo el poder para las mafias políticas o, dicho en román paladino, el gobierno de los peores y más sinvergüenzas. El caos se huele por doquier y ya solo falta que rueden unas cuantas cabezas para que todo vuelva a su ser natural, es decir, al orden espontáneo... o sea, que, en España, en vez de los cuatrocientos mil políticos que hay, nos podríamos arreglar divinamente con dos mil o tres mil debidamente escrutinizados. En fin, ya les digo, siéntense que ya llega.
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