Aquella necesaria exhibición de adhesión al fhürer para que te dejasen tranquilo ha vuelto en forma de estoy vacunado y revacunado tantas veces como sea necesario. Es lo primero que te dice alguien al que hace tiempo no veías o acabas de conocer. Incluso, me han contado que hay sitios en los que a los no vacunados les ponen un brazalete a guisa de estrella de David para que la gente vacunada, o sea, los adheridos al régimen, sepan a qué atenerse con ellos. No me digan que la cosa no es para partirse el culo de risa, sobre todo desde que sabemos que lo que una vez fue tragedia, si vuelve, que suele suceder, siempre lo hace en forma de comedia.
Yo, en el entretanto, me regocijo de saber que mi nieto lee a Murray Rothbard. No me puede dar mejor prueba de que quiere ser un hombre libre. Es decir, lo que solo los mejores quieren. Es una pesada carga que, en ocasiones, puede costar hasta la vida, pero recuerden lo que decía Don Quijote, que es por lo único que merece la pena arriesgarla. Bueno, el gran Tucídides sostenía que la felicidad es hija de la libertad y, ésta, del coraje. Eso, como dice Escohotado: ¡un poco de coraje, por favor!
La verdad es que no es la primera ni la segunda vez que oigo a un joven mostrar su afición a Rothbard. Uno más de la escuela austriaca había pensado yo. Pero, no, no es uno más, es un paso más allá. Para Rothbard el Estado no es un bienintencionado que se equivoca, como pudiera pensar Hayek, no, para Rothbard el Estado es un redomado hijo de la gran puta que va a por ti para poder pegarse la gran vida. Claro, solo tienen que ver los veraneos que se pega el Sr. Sánchez para darse cuenta de hasta qué punto tiene razón Rothbard. Sánchez y todos los parásitos que conforman esa gran mafia que son las instituciones públicas.
En fin, lo que les quiero decir es que por mucho brazalete que pongan a los que discrepan el mundo no se va a parar. Siempre habrá una minoría que le hará avanzar hacia una mayor conciencia de sí mismo. Al menos así ha sido por siempre jamás. Y no creo que la cosa vaya a cambiar por mucho que las mafias del poder lo intenten con todas sus fuerzas. A la larga, lo de la libertad es como lo de el pelo de coño que tira más que soga de marinero. Así que... ya me dirán ustedes.
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