sábado, 7 de agosto de 2021

Toujours sur la brèche

A todo lo largo de la historia de la humanidad siempre hubo ilusos que creyeron poder controlar a sus congéneres. Son chalados que depositan todas sus esperanzas en el miedo de los corderos y olvidan que también existen los leones. Y, los leones, ya saben, por algo les dicen los reyes de la selva. En realidad, cualquiera que es capaz de ir solo por el mundo es un león. Y haberlos, los hay: muchos más de lo que algunos creen... porque si en vez de creer pensasen no serían corderitos asustados.  

Y, en el entretanto, los días pasan y a los ilusos ya solo les queda el recurso de la fuerza para mantener viva su fantasía. El uso de la fuerza como síntoma inequívoco de que la partida ya está perdida. El tirano conquista el poder por la fuerza, pero solo lo puede mantener con sucias artimañas que, por supuesto, incluyen la fuerza, pero a condición de que sea muy selectiva. Cuando deja de serlo, el tirano ya perdió pie... que es en lo que estamos. 

Sí, estamos en pie de guerra. Y no contra el bicho ese de los cojones, como han hecho creer a los corderitos asustados. No, ni mucho menos: estamos en pie de guerra contra los que nos quieren convertir en chinos. Es decir, vivir sometidos al carné por puntos. ¡Oye, allá los chinos si no les importa soportarlo! Pero, aquí, lo van a tener crudo. Ésta de aquí es la cultura del cereal. Es decir con mucho tiempo libre hasta que Perséfone decide salir del Hades a reunirse con su madre Ceres. Y el tiempo libre es sinónimo de maquinación. Por eso casi todo lo de fuste que se inventó en el mundo fue en esta parte del mundo. Mientras, los chinos estaban sumergidos en el barro hasta las rodillas plantando arroz. No les quedaba tiempo para nada que no fuese obedecer. Sí, desde luego, algunos parecen haber olvidado que de casta le viene al galgo. 

En fin, toujours sur la brèche, que dicen los franceses. 

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