viernes, 20 de marzo de 2020

El sobrante

Mis vecinos de rellano andan por los ochenta y tantos. Él está un poco zumbado porque tuvo algún tipo de problema cerebral, pero por lo demás se mueve bien. El caso es que al hombre, por lo que he podido inferir, le encanta lo de ir a comprar el pan. Y esta mañana, justo había empezado la operación logística cuando, en el mismo rellano, le ha interceptado una de sus hijas. Lo sé porque he escuchado unas voces muy subidas de tono y, de inmediato, me he puesto a espiar por la mirilla. La hija, un poco burra y, sin duda, hasta los ovarios de las tareas suplementarias que le ha traído la operación en curso, ha aprovechado la coyuntura para recordar a sus padres como cincuenta veces  que son muy viejos. Los pobres estaban a la puerta y ella, en mitad del rellano, venga y dale a la matraca: "sois muy viejos y os podéis contagiar", una y otra vez de forma a todas luces innecesaria. Yo, lo observaba divertido y pensaba que la muy puta debía estar pensando para sí: no caerá esa breva. Porque es que los viejos, a juzgar por las numerosas visitas que reciben habitualmente, deben ser potentes hacendados de los que mantienen a los hijos expectantes de mejores días por venir. 

Y ahí está el punto y la enjundia de toda esta cuestión que nos traemos entre manos, en los viejos. O si mejor quieren, en el sobrante. La sociedad, como toda estructura, se empieza a tambalear si no se le retira el sobrante que se le acumula en los engranajes con los años de uso. Millones y millones de viejos amomados entorpecen los mecanismos del sistema hasta el bloqueo total. En definitiva, la energía, o el dinero necesario para poder innovar se gasta todo en mantener vidas, por llamarlas de alguna forma, que no producen más que mala leche en sus hijos. Y, entonces, como la Naturaleza es sabia, va, lo ve todo, y dice: esto se está poniendo muy chungo; hay que hacer algo. Y saca de paseo a un coranavirus. 

Hasta aquí, es el normal transcurrir de los acontencimientos por los siglos de los siglos desde que Edipo descifró el enigma de la Esfinge. Pero, ¡ay hijo!, ahora ha surgido una nueva estirpe de Epimeteos empeñados en abrir todas las cajas de Pandora que nos envían los dioses. Son los Políticos que, con la soberbia que procura la ignorancia, pretender torcer el brazo a la Madre Naturaleza. Los viejos, según ellos, desmintiendo a la Esfinge, siguen caminando sobre dos pies por el simple hecho de que pueden ir a votar. Hay que preservarles a toda costa. Y mientras tanto la peste sigue estragando a Tebas. 

Pero dará igual que hagan lo que hagan porque todos sabemos que los dioses escriben recto con renglones torcidos. De una forma u otra, con mayor o menor sufrimiento, habrá que deshacerse del sobrante si se quiere seguir adelante.  

2 comentarios:

  1. yo nö sé si la Sabia naturaleza ha sacado a paseo al Virus,pero lo que si te digo es que es una buena manera de parar los pies al problema que tenemos desde hace 20 anhos:Los horteras.Estamos rodeados de horteras,no se me ocurre una palabra mejor.Horteras viejos ,jóvenes,jóvenas Qué Pena que cuando esto haya pasado,a los dos meses,por mucho que digan algunos autodenominados expertos,nadie se acuerde del Virus hasta el siguiente.Y es que,cómo sabes,aplico la sentencia absoluta a todo lo que se mueve:LA jodienda no tiene enmienda.

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  2. Ya sabes lo que se día por aquel entonces: no hay soldado sin amor ni hortera sin transistor.

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