Si buscan una lectura apropiada a los tiempos que corren les recomiendo El Decamerón. Y ya puestos, también les recomiendo que imiten a sus protagonistas, así que cojan, agarren, y lárgense al campo a esperar que pase la mala racha. ¡Ah! Y acuérdense de no llevar móviles ni tablets ni nada de nada que les pueda servir para enterarse de lo que pasa más allá de lo que alcanza su vista y oído. Ya saben que ¡ojos que no ven...!
Pues bien, por si lo ignoran les diré que El Decamerón es la consecuencia de una epidemia de peste bubónica. Que a su vez es más que probable que fuese la consecuencia de una crisis financiera de proporciones homéricas. Porque el caso fue que los ricos comerciantes de Florencia pensaron que todavía se podían hacer más ricos prestando su dinero a altos intereses a los reyes de Inglaterra y Sicilia que, por lo visto, eran muy aficionados a montar guerras para perderlas. Conclusión, el dinero prestado se fue por el retrete y los citados reyes se llamaron Andana. En Florencia se quedaron sin un duro y, lo que pasa en tales casos, que la gente empieza a vivir fatal, a pasar hambre y todas esas cosas. Total, que al perro flaco todo se le vuelve pulgas. Así que los florentinos se quedaron sin defensas para cualquier miasma que les llegase de allende los mares. Y como siempre están llegando...
Claro, toda comparación, aparte de odiosa, suele ser exagerada. Hoy día tenemos encima una epidemia, pero lean las primeras páginas de El Decamerón y comprobarán que lo de ahora es cosa de niños. La crisis financiera en curso, igual. Sin embargo, ahora tenemos algo que hace que la comparación parezca pertinente, y eso es la capacidad de magnificación de la realidad que tiene el mundo mediático. Es evidente que si los medios no homerizan la realidad no venden un peine. Por otra parte, como los medios viven en pecaminosa connivencia con los políticos y a estos les interesa que la gente se asuste para que no se fije en los latrocinios que cometen, pues, entonces, miel sobre hojuelas, le damos al apocalipsis now y, así, a la vez que se venden más periódicos los políticos pueden seguir robando sin que nadie les moleste.
Por lo demás, ayer me llegué a Salamanca para pasar unas horas con Santi que anda por allí dando un curso sobre los intríngulis del japonés. A la benignidad del clima, se le añadió una ciudad libre de mesnadas turísticas. Daba gusto pasear por las calles como si fuese cuando lo de Las Nueve Cartas a Berta. Subir por la calle de La Compañía, bajar por Tentenecio, cruzar el río por el punte romano, extasiarse ante el panorama, subir después por la Peña Celestina... bueno, ya digo, no había turistas. Solo estudiantes. Y luego, Santi, que siempre te enseña aspectos desconocidos de las tripas de la ciudad. Claustros renacentistas en los que se enseñan lenguas de todo tiempo y lugar. Palacios decimonónicos convertidos en centros de estudios orientales. Salamanca, se diría, está redorando sus blasones.
qué envidia me dais! tengo que reconocer que el libro erótico de cabezera de mi ninez! es el Decamerón.Había un ejemplar en mi casa y con él y las lecturas del antiguo Testamento,llenas de erotismo si se buscan bién,transcurrían muchas tardes de verano.Esto del Tabardillo me tiene ya hasta los perengueles.Disfrutad de la ciudad y tomar unos Riberas de mi parte .Un abrazo para Santi
ResponderEliminarHablando de erotismo vimos que en la universidad había un curso o conferencia sobre Theroigne de Méricourt, una personaje de la revolución francesa famosa por sus burdeles y haber escrito un libro didáctico para las mujeres que se quieren dedicar al oficio más antiguo. La dediqué una entrada: http://gimiendoeneltostador.blogspot.com/2013/01/mll-theroigne-de-mericourt.html
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