lunes, 3 de agosto de 2020

¡Benditos negacionistas!

No sé si se podría decir que hemos vuelto a las andadas. O sea, a la práctica unanimidad. Veo la información que dan los diversos medios sobre la manifestación que tuvo lugar en Berlín organizada por una asociación internacional denominada Médicos por la Verdad. Todos coinciden en lo mismo, que son gente de la extrema derecha, negacionistas y, para redondear la jugada, les relacionan, con no sé qué motivo, con Leni Riefenstahl, lo que es tanto como dejarse de menudencias y tildarlos como herederos directos del nazismo. Impresionante, la verdad. ¿Será acaso que tienen miedo? Puede ser.

Ya saben que la vida es una sucesión ininterrumpida de acciones que siempre provocan reacciones. Acción, reacción, ¡y qué le vamos a hacer si phisics always work! Esa fingida unanimidad sustentada en el miedo... ¿el miedo a qué? ¿Al coronavirus? Ni de coña. El corona no pasa de ser una pantalla tras la que se trata de ocultar la inquietante realidad de una sociedad que muta a ritmo frenético. Todos los chiringuitos están siendo puestos en entredicho. Cada vez más gente se está dando cuenta de que la mayoría de ellos no son más que carromatos que van por los pueblos del oeste vendiendo crecepelos. Los medios de comunicación, los partidos políticos, los grandes monopolios estatales de prestación de servicios... todos, puro crecepelo. ¡Dios, la de gente que está viendo peligrar su modus vivendi! Todas las unanimidades empezaron así, porque había mucha gente temiendo perder su modus vivendi. Y de las unanimidades a lo siguiente, como se suele decir, solo hay un paso. 

En cualquier caso la vida sigue. Y siempre habrá gente que se empeñará en leer El Quijote. Y a Bukowsky. Y a Francisco Delicado. Y verán The Misfits de John Huston. Y Lonely are de Brave. Y, ¡yo qué sé!, los mismos vídeos que tiene colgados en YouTube Albert Pla. Sí, lo tienen muy mal los abanderados de la unanimidad. Se olvidaron de que en el rebaño no hay épica y, sin épica, apaga y vamos. O vámonos, que no sé. 

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