sábado, 8 de agosto de 2020

Y mientras tanto...

No sé si el idioma español será más rico o más pobre que otros en cuanto a la calidad y cantidad de sus refranes. Tiendo a pensar que será más menos como todos los idiomas, porque el refrán no es más que una economía y todo lo vivo tiene una tendencia innata a economizar. Sí, convénzanse, sólo lo que está moribundo despilfarra, y la lengua no es una excepción. Por eso, cuando la gente deja de usar refranes es que se está produciendo una decadencia... bueno, solo es una teoría tan buena, o mala, como cualquier otra. 

El caso es que aquí tenemos un refrán que pienso es pertinente recordar en estos días. ¿Son galgos o podencos? Galgos. No, son podencos. Que no, que te digo que son galgos... y cuando nos queremos dar cuenta ya tenemos a los perros metidos hasta en la cocina. Y es que, no sé si se habrán dado cuenta, pero llevan por aquí hace no sé cuantos días las mentes con más altavoz mediático decantándose con furor ya sea por la monarquía ya sea por la república. O sea, que como dijo una ministra cuando lo de aquella desdichada manifestación feminista, nos va la vida en ello. No sé, pero me parece a mí que a demasiada gente le va la vida en cosas absolutamente carentes de sustancia. Y en el entretanto, lo que ya les vengo contando en este blog hace tiempo, que nuestro sistema político cada vez se parece más al chino en su versión comunista, es decir, simple y llanamente perdida de libertades individuales... perdón por el pleonasmo. ¿O es que las libertades pueden ser de otra manera que individuales? 

En que cosiste el modelo chino, pues verán, cuando una empresa va mal y no encuentra financiación privada rápidamente acude en su ayuda el sector público. Así, en la China comunista, que es la chachi, hay un treinta por ciento de empresas ineficientes sostenidas con dinero público. Son las conocidas como empresas zombis. ¿Y por qué algo tan irracional? De irracional nada. Eso le da al poder político un colchón de adeptos incondicionales que son la clave de la estabilidad social. Los incondicionales, la peor chusma del mundo. Los auténticos vampiros de cualquier sistema. También de la democracia, por supuesto, ¿o es que no se han fijado ustedes la cantidad de incondicionales que tiene?

El caso es que mientras Europa debate sobre galgos y podencos, o mascarillas sí, mascarillas no, el Banco Central Europeo no hace otra cosa, aparte de desincentivar el ahorro de los particulares, que comprar deuda de las empresas aspirantes a zombis. Los bancos, los medios de comunicación, y un largo etc., ya son prácticamente estatales, o sea, al servicio del poder político. Si a eso le añades la sanidad y la enseñanza, el colchón de adeptos incondicionales hasta puede que supere al de china. 

En fin, para qué seguir si lo mismo a los galgos que a los podencos les tenemos que recoger las caquitas si les sacamos de paseo.  

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