viernes, 14 de agosto de 2020

Medea

Dice el Corifeo: "Y afirmo que los mortales que carecen por completo de la experiencia de lo que son los hijos, por no haberlos engendrado, aventajan en felicidad a los que sí han engendrado. Los que no tienen hijos, al no haber vivido la experiencia de si los hijos son algo grato o fuente de pesar para los mortales, se ven libres de muchas penalidades."

Servidor se ve concernido en menor o mayor medida con todas las que se conocen como "tragedias griegas", pero ya, cuando me topo con Medea, el concernimiento me atiza de plein fouet

Sigue el Corifeo: "A quienes, en cambio, tienen en su casa un alegre plantel de hijos, los veo todo el tiempo agobiados por su cuidado: primeramente, como los criarán dignamente, y de dónde dejarán a sus hijos con qué vivir. Y aún más, le resulta incierto si se están sacrificando por unos hijos malos o por unos de provecho. Y el que resulta más funesto de todos los males para los hombres todos, lo voy a mencionar: pues admitamos que encontraron recursos suficientes; que los cuerpos de sus hijos alcanzaron la plena juventud, y que resultaron ser buenos hijos; si el destino así lo dispuso, se les lleva la muerte y se marcha con sus cuerpos a la mansión de Hades. ¿Cómo, pues, es una dicha para los mortales que los dioses añadan a las otras esta pena, que es la más cruel de todas, por causa de los hijos?"

El caso es que yo, como Jasón, casado y con hijas, un buen día me fui de casa... y digo buen día por decir algo porque, justo desde ese mismo día, el sentimiento de liberación se vio contrabalanceado por otro no menos poderoso de pesadumbre. ¡Ay, las hijas! ¿En manos de quién las dejo? En el mejor de los casos, a merced del resentimiento. 

No sé qué más se podría decir al respecto como no sea ponerme a especular sobre si me dejé llevar de la mano por el destino o si me resistí y el destino me arrastró. Cuestión baladí en cualquier caso porque pasan los años y, a la vista de los resultados, la pesadumbre le va ganando por goleada al sentimiento de liberación. En fin, la vida, un jodido galimatías del que es muy difícil no salir escaldado. 

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