Si quieren tener una idea lo más aproximada posible de lo que es la belleza quizá lo mejor sea que vean el vídeo de Tibees titulado A Mathematician´s Apology. Bueno, también poden coger, agarrar, llegarse hasta Saldaña, girar a la derecha y subir la empinada y tortuosa cuesta que les lleva a la Valdavia. Una vez allí solo tienen que abandonarse a los elementos. Aparcamos en Relea y fuimos paseando hasta Villalafuente. El sol jugaba al escondite obligándonos a ponernos y quitarnos la chaqueta cada dos por tres. Era como lo del refrán, que, o tantas velas que queman al santo, o tan pocas que no le alumbran.
La Valdavia, a unos mil metros de altitud, anuncia ya la Montaña Palentina. Las suaves colinas se suceden escondiendo entre las choperas de sus valles pequeñas aldeas que sus habitantes se empeñan en mantener vivas aunque la mayor parte del año vivan en la ciudad. Pienso que en esta obstinación tiene que haber algo relacionado con lo divino. Me refiero a la siluetas majestuosas de sus iglesias. Ya les costará esfuerzo mantener esta iglesia en tan buen estado, le dije a un paisano de Villalafuente que andaba por allí papando moscas. ¡Qué va, se conserva sola!, me contestó.
Sí, la cuestión esa de lo trascendente. A duras penas una docena de vecinos dispuestos a soportar sobre sus espaldas la responsabilidad de que el templo no se venga abajo. Y que no me venga el chacha. o la chacha, de turno a hablarme de creyentes o no creyentes. ¡Por dios bendito, cómo puede andar aún la gente con ese tipo de distinciones! Es algo mucho más complicado. Algo que ver con la necesidad de trascenderse que tiene todo lo que vive. De no ser así, mucho me temo, ni siquiera hubiésemos llegado a hacer la o con un canuto.
Pues sí, el templo, esa representación de lo intemporal. Allí, entre sus muros impenetrables sigue viva la presencia de los ancestros hasta treinta o más generaciones hacia atrás. Allí les bautizaron, confirmaron, se casaron y celebraron sus exequias. Porque, sí, las exequias es lo que más se celebra de todo: el pase definitivo a la inmortalidad.
Ya les digo, dejen por un rato la playa y dense una vuelta por la Valdivia. Y no por nada sino porque hasta a los más recalcitrantes les viene bien enterarse de lo que es bueno... pero de verdad.
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