domingo, 2 de agosto de 2020

Nuevas perspectivas

Que en Cataluña hay una propensión al choriceo insoportable lo puedo asegurar porque lo he visto con mis propios ojos. Que en el País Vasco se vive bajo un régimen no sé si de corte nazi o de cobardía generalizada también lo puedo asegurar porque lo he vivido en propia carne. Todo lo cual sin duda influyó de forma decisiva en mi forma de encarar los contenciosos que ambas regiones mantienen con el conjunto de España. Pero si opinión es, como dijo el filósofo cínico, sinónimo de situación, no menos sinónimo es de la información de que dispones que, dicho sea de paso, nunca suele ser mucha y, sobre todo, muy fiable... cosas, ambas dos, que si las tuviésemos siempre en cuenta nos ayudarían mucho a ser más cautos respecto de nuestras tomas de posición. 

Pero el caso es que siempre nos estamos informando. Y no digo ya en los tiempos que vivimos que la información nos llega desde todos los ángulos en forma de torrente impetuoso y, lo que es más, casi siempre arteramente manipulada. Sí, es un problema de primera magnitud porque solo los que tuvieron la paciencia de convertirse en cedazos tienen alguna posibilidad de separar el grano de la paja. Convertirse en cedazo, ¡casí ná! Privilegio reservado a los dioses. Y, sin embargo, en nuestra cómica soberbia todos nos elevamos a tal categoría para no dejar de cagarla ni un minuto de nuestra vida. ¡Claro, tenemos tantos libros! Pero si es que ya hasta el chófer Maduro se coloca para dar sus sermones ante un fondo saturado de libros. ¡Qué culto tiene que ser este señor deben pensar los pobres venezolanos cuando observan semejante escenografía! Tiene que estar acertado en sus decisiones a la fuerza. 

El caso es que, servidor, para no ser menos que nadie, ni siquiera que Maduro, siempre se parapetó tras una muralla de libros para poder creer que cuando largaba lo estaba haciendo con fundamento. ¡Sancta Simplicitas! A los ladrillos de esa muralla les faltaba la argamasa de la diversidad para que el conjunto pudiese tener alguna consistencia. La gente de mi generación hemos comulgado a diario sin apenas percatarnos de ello con las ideas socialdemócratas. Literatura, cine, teatro, música, incluso desde los púlpitos de las iglesias, por no hablar de la televisión, todo ha estado programado a mayor gloria de la causa. Ni siquiera teníamos conocimiento de que pudiese existir algo como los Escolásticos Tardíos o Escuela de Salamanca, por no hablar de los economistas austriacos. Pues bien, durante el injusto confinamiento del que recién venimos de salir a duras penas, nos hemos aburrido de lo lindo y, como es natural en tales casos, nos hemos puesto indagar y hemos descubierto cosas, por ejemplo esas escuelas de economía que les comentaba: Juan de Mariana, Luis de Molina, Von Mises, Hayek y un largo etc.. Y,¡vaya por dios!, la muralla se vino abajo y se vislumbraron nuevas perspectivas. 

Sí, todo eso de Cataluña y País Vasco, lo veo ahora de otra manera. Y no es que deje de pensar que los unos son chorizos y los otros cobardes, no, en lo que he cambiado mi forma de pensar es en las causas del conflicto. ¿Por qué, me pregunto ahora, se tiene que trasvasar riqueza de las regiones más desarrolladas a las menos desarrolladas? Es que no se ha visto que después de una insistencia de cuarenta años el procedimiento no da resultados? De siempre se ha sabido que la mejor manera de perpetuar la mendicidad es dar limosnas a los mendigos. Todos sabemos que hay regiones en el mundo en las que los recursos escasean y eso se suple con creces poniendo las pilas a la ciudadanía. Así, no me cabe en la cabeza que los madrileños o catalanes tengan que enviar parte de sus recursos a Andalucía, seguramente la región con más potencialidades de toda la península. Pero claro, se les ha acostumbrado a que si ponen la mano se les da y ahí los tienen gastándoselo todo en putas y drogas. No, señores, si quieren inversión que bajen los impuestos, como hacen en otros sitios. En fin, que sería estupendo que cada cual se las apañase con sus propios medios y lo de estar juntos solo para facilitar el comercio y defenderse de potenciales enemigos. Bueno, eso, que las cosas no van de buenos y malos o de blanco o negro, como nos ha querido hacer creer la socialdemocracia imperante.     

2 comentarios:

  1. Muy bueno Pedro.un poquito de aire fresco,que la están peinando

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  2. Sí, me parece que todo el aire fresco que venga va a ser poco para sanear este piélago mefítico en el que hemos venido a dar.

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