jueves, 6 de agosto de 2020
El tema de nuestro tiempo
Es público y notorio que en los últimos tiempos me ha dado por leer las comedias de Aristófanes. Aparte de que leas cuando leas a los clásicos siempre les vas encontrar de actualidad, si ya, en estos tiempos que corren, lees esas comedias, la actualidad se hace rabiosa. Es como si en ellas estuviese concentrada toda la pugna ideológica que casi monopoliza el contenido de los vídeos de YouTube. Y, también, el poco cine que escapa al rodillo doctrinal de la socialdemocracia imperante. Bueno, la prueba del nueve para saber si una película escapa a ese rodillo es que El País le haga una mala crítica. Es el caso de "La Sonrisa de Mona Lisa" que anoche, por casualidad, estuvimos viendo en la tele. Una Julia Robert tan adorable como siempre y en su condición de progresista impecable por coherente es contratada como profesora de arte en una prestigiosa universidad, solo para mujeres, de Nueva Inglaterra . Son los años cincuenta del siglo pasado y la ideología imperante era la que era: las mujeres, por supuesto, la mejor educación posible que les puedan pagar sus padres, pero lo primero es lo primero, es decir, ser esposas y madres. Y eso es lo que la heroína Julia Robert va a intentar cambiar. "Yo, confiesa desconsolada, pensé que venía a esta universidad a formar futuros líderes, -o lideresas, como exige decir hoy la corrección política- y resulta que lo que estoy formando es amas de casa". ¡Ojo al dato! Según la ideología progre al uso la condición de ama de casa deslegitima cualquier pretensión de liderazgo. El ama de casa para esa gente es alguien que limita su papel al "ponte bien y estate quieta" que decía Jalisco, aquel loco alcoholizado que andaba por los bares de Rio de la Pila cuando aquellos maravillosos años.
La película en cuestión es del año 2003, fuera de 2020 y seguramente otro gallo cantara. Porque el caso es que en esa película, la adoctrinadora, Julia Robert, se topa con la horma de su zapato. Si una tiene que ser libre y pensar y tomar las decisiones por si mismo puede resultar que la elección se aleje de las preferencias de la adoctrinadora. Elección impecable, por supuesto. Se puede preferir ser madre y esposa que licenciada en leyes por Harvard. ¡Y que le vamos a hacer si las hormonas tiran más que toda la lógica progresista! Cosa que la profesora Julia Robert acaba por reconocer a la vez que toma conciencia de su anhelo adoctrinador... y eso es, precisamente, lo que no le perdona el crítico de cine de El País, que alguien se apee del burro progre: una traición insoportable.
Pues sí señores, ahí reside gran parte del malestar inextinguible del mundo. Creo recordar que Ortega lo trató en su obra "El tema de nuestro tiempo": la obligatoria, o inevitable lucha generacional. Los hijos quieren costumbres nuevas que rompan los tabús y los padres como que se ríen por lo bajo de tan insensatas pretensiones. Recuerdo que lo decía Marguerite Yourcenar: todas las generaciones han pretendido en su juventud acabar con el tabú de la sexualidad, pero pasan los siglos ahí siguen tirando más los pelos del coño que las sogas de marinero... o las carretas de bueyes. En fin.
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Ahora los pelos de conho no tiran..pero les ha dado por la sobaquera peluda
ResponderEliminarLa verdad es que no entiendo las moda del koyak. Quizás así las ladillas tengan menos oportunidades de enganche, pero como que le quita morbo al asunto.
ResponderEliminaren tiempos lo llamábamos "el Monho".Fíjate lo palurdo que soy ,que a principios de los 90 tuvé a la primera afeitá en la cama,y yo le pregunté,alma de cántaro,si la habían operado de apendicitis...
ResponderEliminarAndré Weller, un peso pluma alemán bastante aceptable,ya mayor,se pasó por chorizo algunos anhos en chirona.Al salir ,losperiodistas,buítres ,le preguntaron que cambios veía en la Sociedad tras haber tanto tiempo en el Maco,Y Adndré,muy flamenco,les contestó que el ´único cambio que veia era esto de pelarse la chirimoya
ResponderEliminarSupongo que será un cambio transitorio. Al respecto,ería bueno conocer las estadísticas del porno. Apuesto a que la categoría de "peludas" tiene una gran aceptación.
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