sábado, 15 de agosto de 2020

Los árboles y el bosque.

Quizá la constante más universal de todos los tiempos haya sido y es, y supongo que seguirá siendo, esa que se encierra en la enigmática expresión "los árboles no dejan ver el bosque". Siempre es igual: nunca nos percatamos de lo que se nos está viniendo encima porque el presente de vino y rosas nos deja plano el encefalograma. 

Bueno, ¿ustedes qué creen, que la gente tiene miedo al virus y por eso no se quita la mascarilla ni para cagar? ¡Ni de coña! La gente a lo que tiene medo es a la multa de cien euros con la que amenaza el establisment socialcomunista. De no ser así no se quitarían la mascarilla cuando se amontonan en bares, playas y demás lugares de esparcimiento a los que la autoridad incompetente ha levantado el entredicho para que se pueda seguir consumiendo. Todo es un chiste, pero nada de lo que extrañarse porque ya vimos lo que dio de sí el régimen soviético y el cubano y, en definitiva, todos en los que el Estado se encarga hasta de limpiar el culo a los corderitos. Porque en eso es en lo que se convierten las personas que se dejan pastorear, en corderitos, o sea, seres que han tocado fondo en lo que a degradación moral se refiere. 

Sí, mis queridos niños, la famosa socialdemocracia que nos viene señoreando de hace un siglo para acá es la prueba del nueve de que cuando cayó el muro de Berlín fue porque ya no había ningún peligro de que en algún sitio se osase instaurar un régimen de libertades. Ya la cosa recibió un impulso fundamental cuando lo de Bretton Wood y luego lo remató Nixon cuando eliminó el del patrón oro. Los Europeos, pa no ser menos, crearon el Banco Central Europeo... no hay problema Ana Patricia, ¿cuantos milloncejos necesitas para tapar las vías de agua de tu buque? Al fin y al cabo fui yo el que te pudrió el maderamen, pero es que, comprende, no podemos permitir que la Banca esté en manos privadas. Sí, ya prácticamente todo lo controla el poder político. Ésta es la realidad a la que nos hemos dejado llevar porque estábamos extasiados con la belleza de los árboles que nos tapaban el bosque que había detrás. 

Bueno, vamos a ver que pasa, porque las cosas de este mundo siempre están cambiando y no hay mal que cien años dure. Y esto de la socialdemocracia ya va para los cien años y ya estuvo bien. Ahora tiene que venir otra cosa y parece ser que ya se está en ello. En los EEUU de América, por supuesto. Hay allí según dicen una guerra civil mucho más encarnizada de lo que a primera vista pudiera parecer. Y no se aprecia a primera vista porque todo indica que la están perdiendo los que hegemonizan los medios de propaganda, ya saben, Hollywwood, New York Times, CNN, etc.. Sí, por lo visto hay notables personajes de la farándula que están en arresto domiciliario y el mismísimo Obama está en la cuerda floja por haber jugado sucio cuando vio que era inminente la elección de Trump. 

Sí, la campaña mediatica contra Trump ha dejado en cosa de niños a la que en su día hicieron contra Reagan. ¿Se acuerdan? Subnormal, analfabeto, pésimo actor... no ahorraron epítetos denigratorios. Lo de ahora, ya, va por lo insidioso, o sea, traiciones a la patria y cosas así. Pero están pinchando en hueso porque, además, a los sociatas les ha salido una enemigo que no esperaban, las redes sociales. Sí, ahora ya no tienen la hegemonía de la propaganda. Ahora, cada vez más gente se decanta por los vídeos de YouTube y similares para informarse. Se acabó la verdad socialdemócrata. Ahora podemos enterarnos ya con datos fehacientes que la sanidad pública, el sistema de pensiones, la educación estatal, y tantos otros servicios públicos son un fraude al servicio de las mafias del poder que se esconden tras los partidos políticos. Y que la democracia al uso no es más que una escenografía para revestir de respetabilidad a esas mafias. En fin, ya digo, la guerra está servida y sólo cabe esperar para ver las formas que adopta. De momento, parece ser, que el epicentro de la lucha está en los bancos centrales. Que conserven su poder de emitir moneda a su antojo o volver al patrón oro. ¡Casi na! El mundo patas arriba, en cualquier caso, por una buena temporada. Y los corderitos escondiéndose detrás de la mascarilla. ¡Desde luego...! 

  

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