sábado, 29 de agosto de 2020

Cenizo

Estoy tan hasta la coronilla de todo esto que es que ya no sé qué camino tomar. Bueno, las de Villadiego es una opción que no se puede descartar. Pero, en fin, vamos a ver. 

El caso es que, como les vengo advirtiendo hace tiempo, cuando los humanos contravienen las leyes no escritas del cielo la cosa no puede terminar de otra manera que en tragedia. La Historia lo corrobora con tozudez y este disparate en el que nos hemos metido, eso sí, con la ayuda de los gobernantes, se lo puedo asegurar, no se va a ir de rositas. 

Este deseo desesperado de satisfacciones inmediatas que señorea el mundo ya está dando sus resultados: el terror que se esconde tras esos rostros semiocultos que te cruzas por la calle. Es como si con esta obediencia ciega quisieran expiar las montañas de culpabilidad que atosigan sus almas. En el fondo, muy en el fondo, de sus conciencias se esconde la convicción de que han sido necios hasta la extenuación y que ahora los dioses se están tomando la revancha. 

Bueno, parece ser que cierta gente está empezando a sublevarse. Piden libertad. Como si la libertad fuera algo que se puede andar pidiendo por ahí. ¿A quién, mis queridos niñitos? Tiene gracia la cosa. Queréis hacer lo que os venga en gana sin que después os abrume el sentimiento de culpa. Pues no, mira, eso no es posible... a no ser que pactes con el diablo. Sí, es muy complicado eso de querer ser libre a lo Nino Bravo. A los dos días viene el diablo y te pone un árbol en medio de la carretera cuando más confiado ibas. Y a pasar por taquilla. 

Y mientras tanto, lo de responsable y sostenible de los anuncios en lo único que vea yo que se traduce es en que cada vez ves a más gente obesa por la calle. 

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