Hace ya bastantes años leí la versión de La Divina Comedia traducida al catalán por Josep Maria de Sagarra. Me pareció una maravilla. Hace unos días que vengo intentando leer una traducción al castellano realizada por un tal Abilio Echeverría. Se me cae de las manos y maldigo la hora en la que me deshice de la versión en catalán que les comentaba. Claro, el catalán es una lengua que se parece al italiano mucho más que el castellano, pero, también, supongo, tendrá que ver la calidad técnica del traductor. Así todo, lo de traducir poesía como que no suele resultar. Lo tiene que hacer otro poeta y lo que se obtiene, para ser bueno, acabará teniendo poco que ver con el original. Es lo que debe pasar con la traducción de Sagarra, un señor, que, según cuenta Pla en su Cuaderno Gris, tenía una facilidad sorprendente para versificar lo que fuese que se le pusiese por delante. Una gracia divina donde las haya, en definitiva.
Se ha dicho hasta la saciedad que la poesía es la arqueología del lenguaje. Y ya saben que la arqueología es cosa de cavar, a veces muy hondo, para sacar a la luz restos que de por sí son muy poca cosa si no se saben interpretar. Recuerdo haber visto en Salamanca como los aspirantes a arqueólogo cuadriculaban con palos y cuerdas una porción de las riberas del Tormes en las que meses atrás habían estado acampadas una tribus gitanas. Tenían que encontrar allí signos que les diesen base para formular una teoría sobre los hábitos y costumbres de aquellas tribus. Sí, no había que ir a Egipto o Mesopotamia para desarrollar el arte de la interpretación de los signos. Porque esa es la cuestión, que signos los hay por todos los lados y solo los muy avispados se dan cuenta de que existen.
Bueno, en cualquier caso, hay que saber aprovechar lo que se tiene. Claro que sería maravilloso poder leer La Iliada en griego y La Eneida en Latín. Lo mismo que La Divina Comedia en italiano. ¡Y qué le vamos a hacer si nuestros esfuerzos fueron dirigidos en otras direcciones! Afortunadamente nuestra lengua generó un territorio, sino infinito, casi, en el que excavar. Así que lo mejor va a ser arrumbar La Divina Comedia y volver a Las lágrimas de Angélica de Luis Barahona de Soto, que con decir que Cervantes le salva de la hoguera en El Quijote, ya está todo dicho. Además es que la tengo en el móvil. O sea, que sin excusa.
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