jueves, 23 de julio de 2020

El cante de los cultos

Me envían por whatsapp un artículo del ínclito Pérez Reverte titulado "Más latín y menos imbéciles". En él vuelve a lo que ya viene siendo mantra de unas cuantas décadas para acá, que las autoridades académicas, ya, por fin, asestan la última puñalada a las materias humanísticas. Por lo visto, en la ley en ciernes, equiparan el latín y el griego a las asignaturas conocidas como "marías", es decir, para rellenar los ratos libres. Y, entonces, menciona aquella famosa anécdota de un ministro de Franco, natural él de Cabra, provincia de Córdoba, que había dicho en sede parlamentaria con el clásico gracejo de su región de origen, que "menos latín y más deporte, porque ¿para qué sirve el latín?" Y que un reconocido humanista le había contestado, "pues mire Sr. Ministro, el latín sirve para que a usted le llamen egabrense y no cabrón". Bueno, quizá la anécdota no sea más que una leyenda urbana, pero queda de cine mencionarla en cualquier reflexión sobre el tema del abandono de las humanidades.

¡Ah! ¿Pero es que resulta que hemos abandonado las humanidades? No me había enterado, la verdad. Vamos que como si la burricie fuese una cosa de ahora. Y, ya, para redondear, volvamos a lo de aquella famosa Edad de Oro, para regresar a la cual Don Quijote no ahorraba batacazos. Ese sí que es un clásico mal interpretado, porque Manrique no dijo que cualquier tiempo pasado fue mejor, dijo que parece que fue mejor. ¡Menuda diferencia entre ser y parecer! Como entre la realidad y las sombras de la pared de la caverna platónica. 

Mi particular impresión es que lo mismo que el porcentaje de imbéciles viene a ser más o menos el mismo en todo tiempo y lugar, igualmente lo es el porcentaje de gente cultivada. En todos los sitios en los que he vivido me ha parecido encontrar legiones de borregos y así mismo una minoría amante del saber. En Barcelona tuve ocasión de frecuentar una librería enorme dedicada casi en exclusiva a los clásicos, y, también, asistí alguna vez a una tertulia de expertos del tema que, por cierto, a parte de alguna orientación que me dieron, me parecieron bastante pedantes. Y en Salamanca ni te digo: se respiraban humanidades por los cuatro costados. Así, que, repito, lo de la muerte de las humanidades no es más que otra milonga con la que los que se las quieren dar de cultos nos dan el cante. 

Lo de las humanidades, como lo de saber guardar distancias, tan de moda ahora, siempre fue y será cuestión de buena educación. Tú, por ejemplo, eres militar y, de paso, cultivas a los clásicos y tienes chupado llegar a general. ¿Vieron la película Patton? ¿Saben por qué Patton estaba al mando de las tropas en el frente sur de la contienda? Pues porque conocía al dedillo a Tito Livio. Así, no tuvo que hacer más para derrotar a los alemanes que imitar todas las tácticas y estrategias que usaron los romanos para derrotar a los cartagineses en las que se conocen como Guerras Púnicas. 

En resumidas cuentas, siempre hubo y habrá gente lamentándose por lo que se ha perdido y diciendo a los demás lo que tienen que hacer para ser mejores. Pues bien, si siguen las enseñanzas de Confucio, desconfiarán de esa gente. Las personas suelen hacer las cosas porque se las han visto hacer a otros y les ha parecido que les ha dado resultado. Seguro que muchos estudiantes de las academias militares han leído a Tito Livio precisamente porque vieron la película Patton. Sí, convénzanse, tanto lo bueno como lo malo, se propaga por imitación. Y los sermones, al contenedor de lo irreciclable 

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