Grosso modo, la historia fue así: una vez perdido el enemigo común, los medos, las ciudades griegas se pusieron a combatir entre sí. La voz cantante la llevaban Atenas y Esparta que tenían regímenes políticos irreconciliables; el resto de las ciudades, digamos que según las condiciones del momento se aliaban con una o con otra. Tucídides dejó constancia de todos aquellos tejemanejes en Las Guerras del Peloponeso, un libro a mi juicio de lo más recomendable para todos los que tienen afición a opinar sobre esto, lo otro y lo de más allá.
Regímenes políticos irreconciliables: ahí está la clave de todo el desbarajuste. Atenas era una democracia y Esparta una aristocracia. Sobre el papel muy bonito, pero, luego, la cruda realidad es un poco más compleja. Porque si nos vamos al núcleo cohesionador de toda sociedad, es decir, la manera de educar, nos damos cuenta de que se trate del sistema político que se trate siempre se sigue el modelo que marcó Platón en La República, o sea, educación espartana, o aristocrática si mejor quieren, para la futura clase dirigente. Luego, para el populus, doctrina y un oficio. ¿O por qué se piensan que en Inglaterra y EEUU perdura la democracia? Pues muy sencillo, porque nadie que no se haya educado en Eton o similares tiene la menor posibilidad de acceder a la cúpula del poder político. Escuelas de mandarines, en definitiva, como en China. O Francia, sin ir más lejos.
En resumidas cuentas, que los dirigentes de los países ponen todo su empeño en destacar las pequeñas diferencias para que parezcan grandes y así tener fácil lo de convencer al populus de que lo suyo es ir a matarse con los vecinos por un quítame allá esas pajas. Y es que hay una cosa, la primera quizá, que enseñan en esas escuelas de mandarines, que sí no estás sangrando de continuo al populus no hay quien sea capaz de controlarlo.
Y en esto llegó Lisístrata y mandó parar. Los hombres en la guerra es equivalente a las mujeres sin suministro. Insoportable de todo punto. Así fue que no le costó mucho a Lisistrata convencer a las mujeres de cual era la mejor estrategia para acabar con la guerra. "Todas quedan obligadas al mismo juramento. Repitan conmigo: Ningún hombre, quien sea, ni amante ni marido, se acercará a mí con su arma enhiesta. He de vivir sin amor y sin hombre. Vestida con mi bata de color azafrán y bien acicalada. Para que cuando mi hombre se queme de deseo, yo nunca al marido le habré de dar gusto. Pero si él por la fuerza me violenta, me mostraré pasiva sin moverme siquiera. No alzaré yo hacia el techo mis sandalias de Persia. No me rendiré cual leona sobre el mango caliente.Si guardo mi juramento, podré beber de este vino. Si yo lo quebranto que esta copa quede llena de agua." Y así en tanto no se firmase la paz. No fue fácil, ni mucho menos, sobrellevar aquella abstinencia, pero al final mereció la pena: los hombres pasaron por el aro y firmaron la paz. Bueno, como sabrán, Lisistrata es una de las once comedias que se conservan de Aristófanes. No tiene desperdicio. Deja niquelado el asunto de las "armas de mujer". Sí, eso es lo que ahí y no hay otra cosa. Vayan enterándose y no corran detrás de quimeras.
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