Mientras Ana Patricia va por ahí haciendo proclamas feministas, el Banco de Santander ha perdido en lo que va de año casi un 50% de su valor en bolsa. Pienso que pudiera ser una buena metáfora de lo que está pasando en el mundo. Luego van unos empresarios de la industria del entretenimiento y retiran de su plataforma digital la película quizá más vista de todos los tiempos, Gone with de Wind. En español, Lo que el viento se llevó y lo que el culo se cansó. La razón: que en esa película se ven esclavos negros que parecen felices. Sí, hay como una especie de locura que parece encaminada hacia la autoaniquilación de la especie.
Y entonces va y llega esto que le dicen pandemia y es como la puntilla final. Ahora resulta que cuando haces cola en la caja del supermercado tienes que andar recto como una vela porque las cajeras no te pasan una respecto a distancias, mascarillas y demás chuminadas. Les han dado esa autoridad y ellas se aprovechan, porque ¿a ver a qué mindundi no le gusta revestirse de autoritario por un rato? Bueno, me imagino que también influirá para que estén tan crecidas el saber que una colega suya ha llegado a ministra.
Muchas veces pienso a qué podría ser debida está especie de degringolade de la inteligencia como un todo, o sea, lo que es Dios para algunos. He oído un montón de teorías al respecto, como el que al no tener que esforzarse los machos para seducir a las hembras se destruye uno de los mecanismos que más entrena a la mente. No sé, puede ser. También, dicen algunos, que al respecto fue demoledor el Concilio Vaticano II. Fue entonces cuando se suprimió del ritual católico todo indicio de misterio, o sea, lo que hace pensar. Sí, puede ser que haya influido. Por no hablar de eso que llaman pedagogía. Convendría detenerse en la etimología de esta palabra para saber de que va el asunto. Pedagogo en la Grecia clásica era el esclavo encargado de llevar a los niños a la escuela. En fin, como sea, el caso es que a los niños de ahora no se les deja descubrir nada por su propia cuenta. Para todo necesitan un monitor. O sea, un niñero o pedagogo. ¡Pero, bueno! ¿Es que ya no va a poder aprender un niño a coger olas por sí mismo? Pues parece ser que no. Y lo mismo para todo lo demás. Y de ahí que cuando les apunta el bozo van de cabeza a la Plaza Cañadío a hacer botellón. Y ya tenemos esclavos felices de por vida, en este caso blancos, lo que no obliga a esconderlos.
En fin, como uno nació cuando todavía no había pedagogos, solo maestros, todavía conserva ciertas habilidades para imaginar la trampa que rodea a cualquier ley. Así, ayer, al pasar por delante de un estanco, me dije, ¡Pero cómo no habías caído en la cuenta! Entré y le dije al estanquero: deme la cajetilla más barata que tenga. Me quedé de piedra al enterarme de que la cajetilla más barata vale cuatro euros. Así y todo la compré. Salí del estanco, abrí la cajetilla, saqué un cigarrillo y lo coloque entre los dedos indice y medio de la mano izquierda... y a tomar pol saco el mal rollo que me producía el ir sin mascarilla. Porque es que la gente te mira muy mal si vas sin ella, pero si vas fumando, o en trance de fumar, se acaban como por ensalmo las miradas de odio.
Y a vivir que son dos días.
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