domingo, 12 de julio de 2020

Estampas biricianas

Estuvimos dando unas vueltas por el patio trasero de la ciudad, de la Biricia pallá, hasta Liencres, lugar antaño un tanto maldito por lo del sanatorio. ¡Jo, aquello sí que era pandemia! Y sin mascarillas ni leches. Nunca olvidaré las guardias que hice allí. Te trataban a cuerpo de rey. Pero bueno, ahora es el interland de cierta clase media y, sobre todo, por la cantidad de tatuajes lo digo, del upper level of de low class. Sería interesante hacer un estudio de campo sobre el nivel social y de estudios en relación con la propensión a tatuarse. Quizá hubiese sorpresas. Nunca se sabe. En cualquier caso no parece que aquello sea mal sitio para vivir. De hecho, una de las épocas más rutilantes de mi vida viví por allí, en Corbán. En cierto modo fui un pionero. 

Total que, cansados de pedalear por aquellos callejos, fuimos atraídos como las moscas a la miel por el inconfundible olor de las rabas. Nos sentamos en un lugar que llaman la Tucho. Tiene muy buena prensa, lo cual que es el camino inevitavle hacia el despeñadero. Las rabas eran una verdadera porquería y ni te digo la tarde que nos dieron. Claro, buena prensa es sinónimo de turistas que tragan con todo. Allí al lado teníamos a una colla de castellano-leoneses que se desgañitaban hablando de comida y viajes. ¡Dios, lo que llega a saber la gente de esas cosas! En cualquier caso con tal de que no hablen de política y enfermedades cualquier cosa sería aceptable dado el caso de que bajasen el volumen. En fin, no creo que volvamos por allí... ni ningún otro sitio porque, ¡madre mía, qué precios! Y que conste que no es porque no podamos, no, es porque me he tragado, como les dije, las conferencias de los profesores Rallo y Huerta de Soto y me han convencido de que ese tipo de consumo es la mayor imbecilidad que puedes hacer en la vida ya que es el camino directo a la esclavitud. Bueno. esto daría para un buen rato de lucubraciones. 

Por lo demás, tengo localidad de barrera para contemplar El Marcial. Escenas biricianas. El vaso en una mano, el cigarrillo en la otra y la mascarilla, el que la lleva, en bandolera. Es como si todos ellos hubiesen alcanzado la sabiduría de la justa dosificación que conduce a la exaltación de la amistad. Nunca les he visto llegar, desde luego, a la etapa de los cantos regionales. Se dirían vidas cumplidas todas ellas. No parecen necesitar más. Me pregunto si no será envidia lo que siento. 

Ha amanecido lluvioso, pero parece que va a despejar. En cualquier caso me vendría bien continuar con la terapia de los baños... por intentarlo no se pierde nada. 

2 comentarios:

  1. esto de los comentarios en Internet y las "Valoraciones"es la repera.Imaginoque casi todas las escriben ellos mismos

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