martes, 28 de julio de 2020

Disbarat

"Lo que no quieras que se sepa no lo hagas" forma parte de mi educación sentimental. Es una máxima sin duda muy limitante, a no ser, claro está, que te importe una higa lo que opinen los demás de tus transgresiones de la mayoría de lo convencional. Porque desde luego que hay convenciones que cualquiera con dos dedos de frente sabe que es estúpido transgredirlas y que, si lo haces, sentirás inevitablemente vergüenza de ti, pero, la mayoría de ellas, como dijo un poeta cínico, están hechas con la única finalidad de poder sentir el placer de transgredirlas. Por ejemplo, el placer que siento yo estos días en curso prescindiendo de la mascarilla cuando voy por la calle. Ayer, un policía motorizado paró delante de mí para decirle a un gitano que portaba una guitarra que se pusiese la mascarilla. Yo, le miré no sé con que tipo de cara, pero el policía no me dijo nada. A lo mejor pensó que yo era de ese tipo de personas que le podía poner en el mal trance de tener que abusar de su autoridad. Y la policía, me consta, no está muy satisfecha que digamos con las tareas que les ha asignado el poder político en lo que respecta a lo que se conoce como pandemia. Claro, no son tontos y se informan. Sólo hay que ir a las páginas web de la OMS para saber que todo esto de las mascarillas y no digamos ya esa mariconada de saludarse con el codo, es pura filfa a efectos sanitarios y quizá muy efectivo para tener aterrorizadas a las capas más incultas o hipocondríacas de la población... o sea a casi todo el mundo. 

¿Y por qué van a querer aterrorizar los gobernantes a la población? ¡Sancta Simplicitas! Pues porque el año pasado vieron las orejas al lobo. Acaso no estaba medio mundo sublevado. Y es que esa mezcla de incompetencia con acumulación de privilegios que exhibe la clase política de la mayoría de los países se ha hecho ya insoportable para grandes capas de población. Y este es el verdadero meollo de la situación que está atravesando el mund: la política al uso no tiene respuesta viable dado el calibre de los problemas que las nuevas tecnologías han creado. Así que el coranavirus, como caído del cielo. Pero claro, todo tiene un límite y, como les decía, lo que no quieras que se sepa, no lo hagas porque al final siempre aparece el niño que grita lo de que el rey va desnudo. En este caso ha sido la asociación de Médicos por la Verdad que lidera la Dra. Natalia Prego. 

Bueno, ahora, ya, si no la verdad, que en términos científicos es bastante escurridiza, sí algo que se le aproxima allí hasta donde se puede. Lo de las mascarillas y demás coreografía es una pura pamema. Lo de los brotes, otra. En fin, si quieren enterarse pueden recurrir a la rueda de prensa que dio la citada asociación el otro día en el Palacio de la Prensa. Aunque los miembros de esa asociación ya han empezado a ser entrevistados en algunas televisiones y su verdad ya ha empezado a rodar cuesta abajo y como si fuese una bola de nieve aumenta a toda mecha. Dentro de dos días ya solo los hipocondríacos y los que viven del invento permanecerán recalcitrantes. 

En resumidas cuentas, que tenemos por delante unos bonitos días, porque espero que los responsables del actual disbarat paguen algún precio, si no por su mala fe, que también pudiera ser, sí, al menos, por su manifiesta incompetencia. 


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